Realpolitik, Leninismo a la mexicana, columna de Guillermo Ibarra

Por Guillermo Ibarra Escobar

La lógica de poder se auto justifica con un obsesivo sentido de eficacia; si para lograr un objetivo hay que cambiar de rumbo o renunciar a principios, existe el imperativo de actuar para ganar.

Al furor del interés material casi no hay nada que lo detenga. Decía Marx en 1867 que “la alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, perdonaba antes un ataque contra 38 de sus 39 artículos de fe que contra 1/39 de sus ingresos monetarios”. Hoy en día, agregaba, el mismo ateísmo es una culpa levis. http://bit.ly/2EFQ241

También los redentores sociales sufren el mismo delirio. La noble causa de hacer cumplir la historia preconcebida, en estos casos, un orden social deseado, los hacen contradecir sus más valiosos principios.

Los bolcheviques tomaron el poder en el Imperio Ruso a nombre de la revolución proletaria y el socialismo, ofreciendo pan, paz y libertad para el pueblo oprimido.

Una vez en el poder echaron abajo sus principales promesas.

En 1917 después de las elecciones que integraron una Asamblea Constituyente del nuevo país, los bolcheviques resultaron minoría. Por medio de dilaciones y truculencias trataron de evitar su integración y al final por órdenes del Comité de Comisarios del Pueblo y Lenin, la disolvieron, para “salvar” a la primera revolución socialista de la historia.

Luego el tres de marzo en 1918, en el fragor de la Primera Guerra Mundial, acordaron un tratado de paz vergonzosa con Alemania, en la ciudad de Brest-Litovsk, en Bielorrusia. Los firmantes fueron el Imperio alemán, Bulgaria, el Imperio austrohúngaro, el Imperio otomano y la Rusia soviética.

Con tal de evitar el conflicto y concentrarse en defender internamente el poder, Rusia concedió en ese tratado los territorios de Finlandia, Polonia, Estonia, Livonia, Curlandia, Lituania, Ucrania y Besarabia, que a partir de entonces quedaron bajo el dominio y la explotación económica de los Imperios Centrales. Además, cedió Ardahan, Kars y Batumi al Imperio Otomano. Al final de la guerra recuperó poco a poco sus territorios y solamente quedaron fuera de sus manos Finlandia y Turquía, sucesora del Imperio Otomano. http://bit.ly/2BHZj9e

El gobierno ruso hizo un pronunciamiento a “los pueblos del mundo”, donde justificaba la acción: “La paz que firmamos nos es dictada con las armas en la mano. La Rusia revolucionaria se ve constreñida a aceptarla, apretando los dientes…” http://bit.ly/2sJdkAj

En realidad, fue un acto de oportunismo puesto que la alta dirigencia bolchevique vislumbraba que llegaría después de la guerra, una revolución proletaria a toda Europa para llevarla hacia el socialismo.

Con el paso del tiempo estas formas de pragmatismo o realpolitik se hicieron costumbre y apareció en la historia uno de los regímenes totalitarios más siniestros de la historia.

En 2018 todas las fuerzas políticas en México, de todos los signos partidarios, abrazan sin tapujos esta renunciación a los principios y la ética, desde la extrema derecha católica hasta el EZLN.

Actúan como si se jugaran la existencia política.

Morena nació en México para superar los vicios más repudiados de la clase política representada por el PRIAN, y ya encarrilados hacia la presidencia de la república, como bolcheviques o miembros de la “Alta Iglesia de Inglaterra” del siglo XIX, son capaces de renunciar a 38 de sus valores políticos que 1/39 de los votos posibles que le harán ganar la presidencia, vengan de donde vengan.

Las listas de candidatos al senado y congreso federal han incorporado a epítomes de lo que llaman corrupción, corporativismo, deshonestidad. Es un retroceso evidente.

Asumen que la nobleza de su causa lo justifica. Un candidato a senador en Sinaloa dijo a unos jóvenes en una reunión que el “proyecto” era lo principal, que si AMLO le pedía que renunciara a su candidatura a favor de otro, lo haría, incluso quiso ser elocuente y afirmó que, si tenía que renunciar para que entrara el “diablo”, estaba dispuesto a hacerlo. De ese tamaño es la seriedad con la que asumen los compromisos frente a la ciudadanía.

Habría que preguntarnos qué pasará después de la elección, si ganasen.

Es posible que, para sostener al tercer gran régimen popular de la historia nacional, como acostumbra el líder de Morena a calificar su futuro gobierno, la realpolitik entrará en escena, y muchas de las promesas más sentidas tendrán que esperar.

Arendt comentó en una entrevista con Gunter Grass, que los intelectuales de Alemania sabían que la crisis que hundió a esa nación en los treinta estaba por llegar, era perceptible para quien lo quisiera ver, pero los actores políticos se autoengañaron y fueron víctimas de sus propias ideas. http://bit.ly/2CAdQjL

Algo similar ocurre en México con muchos intelectuales que ansían un cambio a costa de lo que sea.

En esta recta final hacia la presidencia, después de casi dos décadas de búsqueda afanosa del poder, AMLO parece invocado como Macbeth por su esposa que le exige hacer cualquier cosa para cumplir la profecía que lo hará rey “Te gustaría, Gran Glamis tener lo que te grita/debes luchar por obtenerlo, aunque hacerlo te dé mayor temor/que aflicción dejarlo de hacer.

La última sorpresa que ha dado López Obrador es que declaró que ya no le parece tan mal la reforma energética que condenó airadamente y contra la cual, sus seguidores de todo el país reunieron miles de firmas. “Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras”-dijo Don Quijote. http://bit.ly/2v38pcH

¿Ahora qué sigue?

Morena aparece en la coyuntura actual como una fuerza política de salvación nacional.

Si su realpolitik se hace consuetudinaria ¿Quién nos salvará luego de nuestros salvadores? Los del PRIAN. Ni pensarlo siquiera.

La única manera que tenemos para exorcizar nuestro apocalipsis es fortalecer la discusión crítica, abierta y sin concesiones para crear conciencia entre la ciudadanía para que decida con sensatez.

AMLO, que siempre sí a la reforma energética de Peña Nieto
Fuente: Libertad bajo palabra (http://bit.ly/2Gw574A)
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Profesor del doctorado en Estudios Regionales de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido también profesor de la UNAM, ENAH, e investigador en las Universidades de Illinois en Urbana Champaign, Universidad de California Los Ángeles y Universidad de Texas en Austin. Su campo de docencia es desarrollo regional, estudios urbanos, economía política y estudios de la globalización. Ha publicado trece libros de autor y doce coordinados en estos mismos campos, así como cuarenta artículos de investigación. Ha asesorado 30 tesis de licenciatura, maestría y doctorado, Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores desde 1994 y actualmente es nivel III. Tiene experiencia en gestión institucional como Director de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la UAS, secretario académico de la UAS, Secretario Ejecutivo de ANUIES (región Noroeste), presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Canadienses e integrante del Internacional Council for Canadian Studies.