AMLO y la historia, columna de Guillermo Ibarra

Por Guillermo Ibarra

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa (…)  Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. Así, Lutero se disfrazó de apóstol Pablo, la revolución de 1789-1814 se vistió alternativamente con el ropaje de la República romana y del Imperio romano, y la revolución de 1848 no supo hacer nada mejor que parodiar aquí al 1789 y allá la tradición revolucionaria de 1793 a 1795. Es como el principiante que ha aprendido un idioma nuevo: lo traduce siempre a su idioma nativo, pero sólo se asimila el espíritu del nuevo idioma y sólo es capaz de expresarse libremente en él cuando se mueve dentro de él sin reminiscencias y olvida en él su lenguaje natal”.

K Marx. (1852). El 18 Brumario de Luis Bonaparte

http://bit.ly/1tgJsEY

Andrés Manuel López Obrador no quiere terminar en el “basurero de la historia” y cree como Santayana que “aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”. Y hace bien.

No es posible seguir aplicando esquemas de política en México que han demostrado ser un fracaso para el interés nacional y el bienestar de la población. La historia es una gran maestra de la política.

Al iniciar este año 2018, AMLO consideró que su llegada a la presidencia para terminar con el régimen de corrupción que instituyeron lo gobiernos del PRI y del PAN por décadas, va a constituir una cuarta transformación relevante en la historia nacional, junto a la Independencia, la Reforma y la Revolución.

El tabasqueño aspira a estar entre los mejores presidentes que haya tenido México, junto a Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas (http://bit.ly/2Eh1Kxw).

Es peligroso, sin embargo, estar obsesionado con la historia.

En el largo epígrafe que hemos colocado al inicio de este artículo, Marx satiriza a los que pretenden hacer un cambio social arropándose con el pasado. Encaja muy bien en esta problemática el movimiento que dirige AMLO, quien incluso manifiesta su inclinación hacia Benito Juárez.

MORENA también ha retomado el escudo nacional en la época de la Reforma Restaurada como su emblema partidario.

Esta alineación con tiempos idos significa de entrada algo positivo: inscribirse en las mejores experiencias de cambio progresista en una sociedad, que es lo que pretende Morena.

Pero también entraña la estetización de la política, pues construye referentes respecto a la patria, el honor y la identidad por encima de razones o realidades, que pudieran dogmatizar muchas de las medidas programáticas que ha propuesto.  Contribuye más a crear masas ideologizadas y no ciudadanía.

Al presentar el gabinete con el que gobernará, si ganase la presidencia en 2018, no fue casualidad que escogiera como Secretaria de Economía a la Doctora Graciela Márquez Colín, cuya especialidad académica es historia económica de México, aunque no está alejada del mundo empresarial.  Quiere tener a su lado a una persona que le permita reproducir las mejores prácticas y evitar los errores del pasado. De ese tamaño es su obsesión (http://bit.ly/2mffrWW).

El riesgo de investirse con ropajes venerables para enfrentar el presente y el futuro puede limitar la acción transformadora.

Actuar emocionalmente, inmerso en una historia que de antemano se sabe dónde debe terminar, lleva a justificar toda acción con la meta preconcebida, lo que debemos evitar porque estamos en un mundo que requiere medidas novedosas, imaginativas, contenidas muchas de ellas en la propuesta que AMLO ofreció como plan de gobierno.

Una de las áreas más delicadas será en política exterior, en la inserción de México en la globalización neoliberal donde las enseñanzas del pasado son incompletas, y el nacionalismo decimonónico no nos ayudaría a afrontar los grandes retos cosmopolitas.

La crítica de Marx es válida en nuestro tiempo. Iba dirigida a las llamadas revoluciones “burguesas”. Propugnaba que las “nuevas” revoluciones del siglo XIX, que fue la época en que escribió, deberían abandonar esa actitud, pues conducía a repetir la historia de forma caricaturesca.

Lo dijo de esta manera: “La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí, la frase desbordaba el contenido; aquí, el contenido desborda la frase”.

Que la forma no desborde al contenido del cambio social que propone MORENA.

Fuente: http://bit.ly/2CTK4Ld
Fuente: http://bit.ly/2meW8gK

 

 

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Profesor del doctorado en Estudios Regionales de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido también profesor de la UNAM, ENAH, e investigador en las Universidades de Illinois en Urbana Champaign, Universidad de California Los Ángeles y Universidad de Texas en Austin. Su campo de docencia es desarrollo regional, estudios urbanos, economía política y estudios de la globalización. Ha publicado trece libros de autor y doce coordinados en estos mismos campos, así como cuarenta artículos de investigación. Ha asesorado 30 tesis de licenciatura, maestría y doctorado, Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores desde 1994 y actualmente es nivel III. Tiene experiencia en gestión institucional como Director de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la UAS, secretario académico de la UAS, Secretario Ejecutivo de ANUIES (región Noroeste), presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Canadienses e integrante del Internacional Council for Canadian Studies.