2018. Tiempo de confusión l Columna de Guillermo Ibarra

Por Guillermo Ibarra

Iniciamos un año en que las promesas de bienestar colectivo e individual del neoliberalismo han fracasado sin que aparezca alguna utopía social que la reemplace.

Hoy sabemos que genera cada vez más brutalidad y desigualdad, pero seguirá su curso ya sin necesidad de justificarse ideológicamente como superior al socialismo, simplemente por inercia, por incapacidad de las instituciones para procesar democráticamente el  descontento social,  de manera racional, y cambiar de rumbo social.

Con Trump ha aparecido un populacho fascista que se vincula a los grupos mas conservadores de Estados Unidos que pueden hacer trizas a la democracia americana. Es necesario vernos en ellos como en un espejo.

Un posting  de Facebook firmado por un tal George Godwyn,  que se ha hecho viral en USA en estos días, escrito en un leguaje tosco y alarmista,  describe este nuevo panorama como algo incontrolable:

“Nadie pensó que Donald Trump podría ganar las primarias republicanas porque era tan estúpido, tan venenoso, y obviamente estaba más allá de lo que pensábamos que eran las normas culturales y/o políticas, pero lo hizo. Nadie pensó que podría ganar las elecciones por la misma razón, pero lo hizo. Y  no perdió por esos defectos, sino que por ellos ganó. Un gran segmento de la población de los Estados Unidos está lleno de odio tan intenso que quieren activamente un gobierno mucho más autoritario que profundice ese odio. Quieren el fascismo.  Están hambrientos, ya sea que lo llamen así o no. En el tipo de doble discurso orwelliano por el que se ha hecho famoso este gobierno, dicen defender la “libertad” o “valores estadounidenses”, pero están invocando a un autoritarismo duro”.

El autor de la nota considera que la política estadounidense en los años venideros se ocupará de  “luchar contra el lumpen neoautoritario”.  Llama a aceptar estos hechos, para “entender qué demonios está pasando antes de que la realidad nos golpee a todos de nuevo, más duro, con resultados más permanentes y mortales”.

Protesta de supremacistas blancos en Houston. Fuente: http://bit.ly/2DTmT0o

Al margen de lo subjetiva que pudiese resultar esta visión, se corresponde con un mundo que vive un invierno de la democracia, un ascenso del conservadurismo.

Guiddens caracterizó al fundamentalismo actual como hijo de la globalización, al constituir movimientos sociales que actúan de forma violenta ante las amenazas reales o imaginarias a las tradiciones existentes  (http://bit.ly/2A8rWrF) .

Ahora que la globalización se colapsa, reaparecen fundamentalismos en múltiples poros de la sociedad, a escala universal, a nivel de regiones, naciones, ciudades e incluso pueblos.

Son intentos por volver al pasado, que recurren a estetización de la política – que utilizó el fascismo- consistente en articular a las masas como soporte de regímenes totalitarios, vinculando el discurso y la acción de la política a emociones, a la sangre, patria, nación o religión.

México tiene sus propios descontentos con la globalización y el neoliberalismo en amplios grupos sociales.

Una parte de la población canalizará ese sentimiento electoralmente, pero solo un grupo minoritario definirá al futuro presidente e intentará articular un nuevo consenso, en una sociedad crispada, con sus propios fundamentalismos, que avivan temores a perder la identidad familiar, estilos de vida, trayectorias profesionales, formas de convivencia.

Estos temores que son resultado de una mayor interacción cosmopolita de las sociedades locales, se agravan por niveles de desigualdad no imaginados, desempleo crónico, pobreza, violencia, crisis de las instituciones, el estado de derecho y la influencia del narco.

Están apareciendo prácticas culturales y nuevas pautas de la vida cotidiana que son formas rampantes de barbarie, que si se combinan con el rencor y temor social puede procrear un neofascismo a la mexicana.

En este contexto existe un lumpen social que puede convertirse en un actor político autoritario, si continuase la incapacidad de los gobiernos de hacer valer la ley, de combatir la corrupción y al crimen. Lo conforman grupos de odio y algunos de ellos se hacen visible en las redes sociales.

Pensemos en un hecho aparentemente aislado,  pero reciente; la masiva detonación de armas en Culiacán la noche de año nuevo, que demostró que en Sinaloa hay tantas armas en manos de particulares como en países en guerra civil: Irak, Siria, Crimea, por mencionar algunos. Esto quizá ocurre también en la mayoría de los estados de la república.

Ya no son aquellas armas que muchas familias de origen rural tenían en su hogar y que en estas fiestas las percutían con ánimo celebratorio.

Se trata ahora de miles de armas en manos de personas que las poseen como herramienta de trabajo en ejércitos particulares de las múltiples bandas del narco y del crimen organizado, usadas con impunidad en un territorio con fuerte presencia del ejército y la policía militar en sus calles.

¿Qué pasaría si en un conflicto electoral segmentos de esos poseedores de armas tomaran partido por instrucciones de sus jefes, ya no como “autodefensas”, sino como fuerza desafiando al estado?  ¿Por eso la prisa en aprobar la ley de seguridad interior?

Estamos haciendo, por supuesto, solo una especulación pero que tiene base en algo que ocurre ante nuestros ojos y que se combina con un hartazgo muy extendido entre la población, ya no solo con el gobierno, sino contra lo que signifique política.

Esto puede conducir a la anarquía, pero ¿tendría aceptación entre quienes están hartos del sistema?

Nuestra tarea como opinadores sociales es hacernos preguntas y responderlas. Vivimos tiempos de confusión.

De manera ilegal, un hombre dispara un fusil automático de uso exclusivo del Ejército par festejar la llegada del Año Nuevo en Sinaloa. Haz CLIC en la IMAGEN para ver el video. Imagen y video: reforma.com
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Profesor del doctorado en Estudios Regionales de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido también profesor de la UNAM, ENAH, e investigador en las Universidades de Illinois en Urbana Champaign, Universidad de California Los Ángeles y Universidad de Texas en Austin. Su campo de docencia es desarrollo regional, estudios urbanos, economía política y estudios de la globalización. Ha publicado trece libros de autor y doce coordinados en estos mismos campos, así como cuarenta artículos de investigación. Ha asesorado 30 tesis de licenciatura, maestría y doctorado, Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores desde 1994 y actualmente es nivel III. Tiene experiencia en gestión institucional como Director de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la UAS, secretario académico de la UAS, Secretario Ejecutivo de ANUIES (región Noroeste), presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Canadienses e integrante del Internacional Council for Canadian Studies.