NO DISPARES; MATAS GENTE

Imagen de la campaña "Celebra sin disparar", del gobierno del Estado de Sinaloa.

Por rabiaytinta redacción*

En diversas comunidades de México se acostumbra disparar al aire para festejar el fin del año viejo y el inicio del nuevo. Hay quienes ven esto como una tradición, otros como un acto emocionante y divertido, pero en realidad es un sinónimo de muerte.

Año con año vuelan miles de balas al aire, proyectiles que cruzan los aires como lo hacen los cohetes en el espacio, la diferencia es que las balas no llegan hasta allá, y al contrario: regresan con fuerza de gravedad contra nosotros. Esas balas caen en el pavimento, en los techos de las casas, en los árboles, en los coches o en las personas. En lugares con alto armamentismo y narcotráfico como Sinaloa, el problema tiene consecuencias fatales.

El 1 de enero pasado, en las primeras nueve horas del año, la Secretaría de Seguridad Pública local había recibido 63 denuncias por disparos al aire.

Marisela, de 38 años, fue herida por una “bala perdida” antes de que se cumpliera la primera hora del 2017. Se hallaba en una colonia del sur de Culiacán, Sinaloa, cuando le cayó el proyectil y tuvo que ser llevada al Hospital General. Marisela tuvo suerte: mejoró y fue dada de alta.

Apenas corrían los primeros minutos del 1 de enero del 2016 cuando Jesús Beltrán, un hombre de 30 años que festejaba en el municipio de Cosalá, cayó al suelo de manera repentina. Lo revisaron y notaron que una bala había atravesado su caja torácica. De inmediato lo llevaron al hospital pero no pudieron salvarle la vida. Murió en menos de una hora.

Nueve años atrás, el 1 de enero del 2007, la niña Idania Veysabeth, de tan sólo dos años de edad, fue víctima de una bala perdida durante la celebración de fin de año en Culiacán. La menor permaneció tres días en el Hospital General pero no pudo salir adelante. Falleció.

Le llamamos “balas perdidas”, pero éstas dejan de serlo cuando encuentran a sus víctimas. Nadie sabrá quién lo hizo, pero alguien lanzó esa bala y se convirtió en asesino; un asesino que jamás pagará su castigo ni tendrá remordimiento de conciencia.

Año con año, el gobierno de Sinaloa realiza campañas de difusión donde pide a la población que no dispare. El problema no ha podido ser erradicado, y varía su intensidad cada 31 de enero.

*Esta nota se hizo con información publicada en el diario Noroeste.