¿Cómo construiremos el 2018?, columna La Montaña, de Oscar Loza

 

Por Oscar Loza Ochoa

 Para ser perfecta la justicia

 debe confundirse con la igualdad.

 Arthur Rognenant

 

Como nos jugamos el futuro no hay manera de evadir el 2018. No es un año más, es una cita histórica y un reto para remontar el fardo de problemas que la crisis humanitaria que vive México nos ha dejado en este moribundo 2017. Son muchas las aristas que componen el cuerpo crítico de la situación nacional, entre ellas la parálisis de la economía, la desigualdad social con su miserable exclusión de los pobres, el desempleo, la corrupción y su inseparable gemela: la violencia. Sin olvidar la pérdida de los recursos petroleros y de gas natural, que garantizaron en su momento educación gratuita, seguridad social y promoción de la vivienda popular.

La violencia, cuyas fuentes y orígenes pueden partir de grupos privados como del mismo Estado, ha dejado un sentimiento de pérdida y de luto tan grande como la geografía y la historia reciente de nuestro país. Tan sólo en los últimos once años el dolor se expresa en alrededor de 250 mil muertes violentas, en más de un millón 400 mil desplazados por causas de violencia y no menos de 37 mil personas víctimas de la desaparición forzada. Para quienes viven esta crisis humanitaria no necesitamos explicarles cómo se expresa toda esa tragedia en el seno de cada familia y en las comunidades que padecen esa pesadilla social.

Para enfrentar esta preocupante situación, lo primero que tenemos que hacer es situarnos de manera clara en el terreno que pisamos. No creo que lo más inteligente sea plantearnos atacar todos los problemas y frentes al mismo tiempo, pero del abanico de problemas que enmarcan nuestra situación, es muy importante tomar los que nos permitan no sólo tener éxito, sino también jalar al resto hacia una solución.

Si el próximo año tenemos que aguantar toda una campaña electoral, donde se disputa el poder político a nivel nacional y muchas de las entidades federativas, hagamos ejercicio de ciudadanía frente a los políticos que pretendan un espacio en el poder disputado. Tres temas son suficientes para darle otro contenido y perfil a las campañas: la corrupción, la inseguridad y la desigualdad social. Dejemos de ser pasivos ante los discursos y las gesticulaciones sin compromiso (incluidos los que se firman ante notario como los de Peña Nieto). Tomemos la palabra y cuestionemos acciones y omisiones pasadas y presentes, y exijamos respuesta a los tres temas referidos.

Sobre la corrupción hay tantas cosas que señalar, desde las dudas que nos han quedado ante la quiebra que presentan la mayoría de los municipios del país, hasta las certezas de desfalcos a las arcas de los estados. No necesitamos hurgar mucho entre los números de las finanzas públicas y los presuntos responsables. Por sus acciones contra los dineros públicos actualmente hay 16 gobernadores presos, procesados o prófugos. Y no es que sean todos los que pueden estar en dicha situación, pues hay otros como Mario López Valdez que han podido negociar, hasta hoy, impunidad, aunque la lumbre haya llegado a los aparejos de algunos de sus colaboradores. Es de justicia elemental pensar que ni el municipio de Culiacán y Ahome, entre otros y Sinaloa, pueden resignarse al quebranto de más de 15 mil millones de pesos.

Y si hablamos de inseguridad, también la situación es muy delicada. Las auditorías financieras y sociales deben ir hasta allá. La rendición de cuentas es elemental en este renglón. Los presupuestos crecen y crecen sin que haya los resultados prometidos. Y para solicitar nuevos aumentos no hay rubor sobre las mejillas de los beneficiaios, sólo se repiten los viejos argumentos de que son necesarios para combatir  a un enemigo que vemos fortalecerse ante la acción oficial. Elemental es que ya preguntemos qué diablos se hace con esos dineros públicos. Cualquier ciudadano que va con un médico que no le da resultados ante sus problemas de salud busca otro especialista, ¿por qué los ciudadanos de este estado y país tenemos que seguir con la misma estrategia y los mismos jefes?

Lo mismo tendremos que decir de los lastres que nos deja la desigualdad social, pues alrededor de 62 millones de compatriotas no cuentan con los tres alimentos del día en la calidad y cantidad recomendada, no tienen las oportunidades elementales en materia de educación, salud, vivienda y recreación. Son excluidos de los beneficios del desarrollo en mayor o menor medida, de acuerdo a la región donde viven y de su condición social. Tenemos que decirles a los candidatos que los discursos electoreros están desacreditados y que se requieren compromisos muy concretos en los renglones mencionados. Por nuestra parte no seamos los convidados de piedra, movilicemos a la ciudadanía para que cesen este tipo de situaciones en el país, si aspiramos a un México con menos injusticias de todo tipo y si queremos que la paz y tranquilidad regresen a esta lastimada patria. Construir el 2018 con perspectivas de derechos humanos no será fácil, pero será posible si hay voluntad ciudadana. Vale.

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