Quirino Ordaz, Informe 2017

Por Guillermo Ibarra

El informe del primer año de gobierno del mazatleco Quirino Ordaz genera una impresión de dejá vu, es una historia ya contada muchas veces. Y mientras no cambie el modelo de gobierno y la cultura política de los dueños de Sinaloa, a quienes pertenece el actual mandatario, su segundo, tercero y cuarto informe van a generar la misma sensación, de que están diciendo lo mismo sobre lo mismo, para que lo escuchen los mismos de quienes cree les da lo mismo que pase lo mismo, como señaló Tomás Perrín, viejo escritor de la revista Siempre.

El actual gobierno presenta pocas novedades, simplemente reporta cifras diferentes, unas mejores, otras no tanto y alguna peores. Más empleos formales, menos ingresos de la población trabajadora, más muertos, más impunidad, mismo nivel de corrupción, nuevas obras públicas.

Quizá esto sea meritorio al considerar las condiciones financieras en que recibió al Estado. Pero frente a sus promesas se queda corto.

Quirino prometió mayor transparencia y rendición de cuentas. No avanzó en ello. Se ha dilatado la puesta en práctica del Sistema Estatal Anticorrupción y los primeros pasos indican que será fallido, puesto que la comisión de postulación que será responsable de integrar el Comité ciudadano, estará compuesta por representantes de los grupos de poder fáctico del estado.

También ofreció combatir con firmeza a la corrupción. Aquí estuvo lo más decepcionante, lejos de presentar ante las autoridades competentes para que fueran juzgados por los delitos de peculado, Armado Villarreal, Jaime Sevilla y Ernesto Echeverría, secretarios del gabinete de Malova, fueron señalados públicamente como pícaros solamente, salvándolos de un juicio penal. Ello representó una especie de amnistía contra funcionarios corruptos, lo cual, en los hechos, convierte al mandatario en encubridor de los malos manejos de la administración anterior.

En solo un año parece decepcionar más rápidamente a los sinaloenses que el propio Malova, haciendo que los sinaloenses pierdan las esperanzas de que haya más seguridad y combate al crimen. Los cientos de millones de pesos gastados en equipo de seguridad, drones, han servido de poco, pues continúan los feminicidios, asesinatos en bares, desaparecidos, ejecutados.

En ocasiones se puede pensar, con ironía, que todo ese dinero se hubiera invertido en crear nuevas universidades o invertir en servicios en colonias populares para que la gente se favoreciera con algo.

El artero asesinato del periodista de Riodoce, Javier Valdez Cárdenas, el 15 de mayo de 2017, continúa impune y la fiscalía del estado ha sufrido un desgaste que avizora su incompetencia para poner ante las autoridades a los responsables materiales e intelectuales.

Tampoco en el estilo de gobernar se advierten cambios. Repite los mismos estilos de Juan Millán, Jesús Aguilar y Mario López Valdés.

Hay algo que asombra a muchos universitarios de estos tres personajes. Invitaron a sus campañas a gobernador a opositores del grupo de Héctor Cuén con el señuelo de que una vez en el gobierno, pondrían orden en la UAS. Lejos de cumplir con su palabra, uno por uno, se convirtieron en sus aliados, con tal incongruencia como si hubieran recibido instrucciones de un ente superior. Los tres les obsequiaron impunidad, gestión presupuestal, reformas legales, les permitieron convertirse en un partido político, e incluso, se dan el lujo de perdonarles los intentos de arrebatarles el poder, y después de pelearse, terminan luego, “agarraditos de la mano”.

Somos de los ingenuos que creímos en el llamado del entonces candidato priista a la gubernatura, de ayudarlo a vencer a su oponente, Héctor Cuén, quien no solo desafió a los que lo empoderaron, sino que llenó de insultos a Quirino en sus redes sociales.

Haciendo válido el dicho de que “cae más pronto un hablador que un cojo”, una vez nombrado  candidato electo, apresuradamente Quirino se acercó a la UAS para llevar a cabo un pacto con el PAS, sepultando con ello la posibilidad de una reforma a esa institución.

Lejos de lo rara que resulta esta veleidad política, revela que el gobierno y las élites de Sinaloa han renunciado a la reforma de la educación superior, les da pereza incursionar en cambios para que Sinaloa salga de su medianía económica y terminar con una universidad-partido que se ha convertido en una escuela de incivilidad política e intolerancia.

El gobierno de Quirino apostará a conseguir presupuesto para construir obras, y quizás en ello tenga algunos avances, pero será insuficiente, pues Sinaloa necesita un verdadero líder que todavía está ausente.

Los meses venideros no presagian mejores tiempos, puesto que el gobierno priista de Sinaloa hará todo lo que está a su alcance para hacer ganar a su candidato presidencial, lo cual implicará utilizar políticamente el presupuesto y repartir indulgencias judiciales.

Compartir
Artículo anteriorJavier Valdez, impunidad sin fin l Columna La Montaña, de Oscar Loza
Artículo siguienteConfirma ASF daños millonarios a la Hacienda Pública Federal por el caso “Juntos Podemos”, denunciado por MCCI
Profesor del doctorado en Estudios Regionales de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido también profesor de la UNAM, ENAH, e investigador en las Universidades de Illinois en Urbana Champaign, Universidad de California Los Ángeles y Universidad de Texas en Austin. Su campo de docencia es desarrollo regional, estudios urbanos, economía política y estudios de la globalización. Ha publicado trece libros de autor y doce coordinados en estos mismos campos, así como cuarenta artículos de investigación. Ha asesorado 30 tesis de licenciatura, maestría y doctorado, Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores desde 1994 y actualmente es nivel III. Tiene experiencia en gestión institucional como Director de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la UAS, secretario académico de la UAS, Secretario Ejecutivo de ANUIES (región Noroeste), presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Canadienses e integrante del Internacional Council for Canadian Studies.