Cien años de la revolución bolchevique, 1917-2017

Por Guillermo Ibarra

Nuestra mentalidad milenaria nos alienta a tratar los aniversarios de doble cero como referentes de nuestra formación, con imaginación sociológica, como calificaría Wright Mills al intento de incrustar nuestra biografía personal en el análisis de los hechos sociales.

En nuestra formación universitaria las obras de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, fueron de obligada lectura.

De ahí nuestra actual meditación sobre el centenario de la revolución bolchevique, conocida como la Revolución de Octubre, del 24 de octubre de 1917 en el calendario Juliano, y 6 de noviembre en el calendario Gregoriano.

El experimento soviético ante la historia

Con la caída de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) en 1991 terminó la historia de una quimera que pretendió crear un sistema social superior y más justo a partir de la desaparición del capitalismo.

Para Erick Hobsbawn esta revolución tuvo mayor impacto que la revolución francesa de 1789, no obstante, consideró que los historiadores del tercer milenio que relaten los hechos del siglo XX, le atribuirán un interés más limitado que las cruzadas o las guerras religiosas en el siglo XVI y XVII (http://bit.ly/1KCiEDW).

A diferencia de China, que logró salvar su régimen estatista llamado socialismo, a partir de una reforma hacia una economía de mercado globalizada, Rusia y sus repúblicas aliadas fracasaron en su intento de hacer un socialismo democrático y sostenible económicamente.

Mijail Gorbachov, último dirigente soviético, intentó ese camino por la vía de la Perestroika impulsando primero la Glasnost, una reforma política limitada, para luego avanzar hacia un régimen de mercado. Tuvo grandes obstáculos.

Primero, un intento de golpe de estado perpetrado por los militares, que Gorbachov logró superar, ganando un plebiscito en marzo de 1991 para retomar las reformas.

El camino se truncó finalmente por la traición de la toika integrada por los líderes de Rusia (Boris Yeltsin), Ucrania (Leonid Kravchuk) y de Bielorrusia (Stanislav Shushkiévich) al firmar el 8 de diciembre de 1991 la desaparición de la URSS, mediante el Tratado de Belavezha.

El 25 de diciembre de ese año, Gorbachov renuncia a la presidencia.

Con ese triste episodio se perdió la oportunidad para tener un régimen social que diera respuesta a los grandes conflictos del Capitalismo. En el caso de la URSS, efectivamente se “tiró el agua sucia de la bañera con todo y niño”.

En cambio, quedó como referente de alternativa al socialismo, una nación China imperialista, con un capitalismo de estado autoritario y que solo es ejemplo de reforma social para ingenuos lectores de revistas de aeropuerto.

La Revolución de Octubre

Uno de los factores del fracaso del modelo socialista impulsado por Lenin fue una interpretación autoritaria de las recomendaciones de Marx sobre la toma del poder por la clase obrera, después de las experiencias de la comuna de París de 1871, cuando la clase obrera tomó el poder y fue reprimida brutalmente provocando la muerte de más de 10 mil insurrectos.

La recomendación era instaurar provisionalmente una dictadura del proletariado.

Los bolcheviques le tomaron literalmente la palabra, sin tener en cuenta el contexto de la advertencia de defender la toma del poder.


La revolución de octubre, las masas en la calle. Fuente: http://bit.ly/2hpt4Qy

Lenin y su partido dieron un golpe de estado aprovechándose del caos que existía desde la revolución de febrero de 1917 que había instaurado un gobierno provisional y destronado al Zar y a la familia Romanov.

Gobierno sangriento

Una vez en el poder, Lenin y Trotsky habían considerado hacer un gran juicio a la familia Romanov en San Petesburgo para mostrar simbólicamente el fin de esa dinastía. Al parecer no tenían planes de liquidarlos, pero la vorágine de la guerra civil condujo a realizarlo.

El 16 de julio de 1918, recluidos en el pueblo de Yekaterimburg, en la misma ciudad que en 1613 el primer Zar Miguel Romanov subió al trono de Moscovia, fueron asesinados Nicolás y su familia, sin previo juicio, por órdenes del Sovnarkom (buró político del partido bolchevique y consejo de estado).

Los bolcheviques temían que una contrarrevolución restituyera a los Romanov en el poder. Por eso se dio la orden de aniquilarlos.

De acuerdo a la versión del general Dmitri Volkogonov, uno de los ejecutores de nombre Yurovsky, narró en sus memorias los pormenores de la ejecución.

Yurovsky narra cómo se integró un pelotón compuesto por él mismo, Medvedev Radzijovsky y otros. Acudieron al monasterio de Ipatiev donde se alojaban con sus hijos los depuestos monarcas. Esperaron a que llegara un mensajero con una contraseña para proceder a entregar los cadáveres. La contraseña era “deshollinador”.

Unos bolcheviques lituanos presentes en la casa le pidieron a Yurovsky no participar en la ejecución, pues serían incapaces de hacerlo.

Se asignó a cada uno de los miembros del pelotón de fusilamiento un blanco humano predeterminado. A las dos de la madrugada los bajaron a sótano y le anunciaron al zar que por órdenes de los soviets, se les ejecutaría.

La confesión de Yurovsky es despreciable, y se explica solo porque posteriormente pelearon para que les dieran honores por lo que consideraban una hazaña:

“Fui el primero en disparar y maté a Nicolás. Los tiros duraron demasiado… Necesité tiempo para detener el tiroteo que se había vuelto desordenado. Pero cuando ordené que cesara, me di cuenta que varios vivían aún. Por ejemplo, el doctor Botkin (médico de la familia) estaba tumbado y apoyado en un codo, como si reposara. Lo acabé de un tiro de revolver. Alexis, Tatiana, Anastasia y Olga, estaban vivos. Al igual que Demídova. El camarada Yermakov quería rematarlos a todos con bayoneta. Pero no hubiésemos podido. Demasiado tarde descubrimos que las jóvenes llevaban corsés blindados recubiertos con diamantes, tuve que matarlas una por una. Por desgracia, los hombres del ejército, vieron esos objetos y decidieron apropiárselos” (Volkogonov, 1995).

La Familia Romanov, 1913.
Fuente: Wikipedia. http://bit.ly/2mnndki

Días después, el 19 de julio el Sovnarkom tomó nota hipócritamente del hecho como un incidente fuera de su control, realizado por autoridades de una región amenazada por los rusos blancos de la resistencia al nuevo gobierno.

En los archivos del PCUS aparecen documentos contradictorios, pues Trotsky, en su biografía sobre Stalin, niega que él y Lenin hayan participado. Trotsky cita al diplomático ruso desertor Grigori  Basedovsky, seguramente de su libro Revelaciones de un diplomático soviético (1931), donde culpa también a Stalin del asesinato.

De acuerdo a Manuel Pastor (2016) hay un documento falsificado del PCUS donde se mencionan a Lenin y Trotsky presentes en una reunión donde se recibió la noticia.

Stalin, Lenin y Trotsky.

Fuente: http://bit.ly/2ACCRuc

Ese “privilegio” de la realeza de ser asesinados por cuestiones políticas, fue extendido a la población soviética durante la era del stalinismo.

En los procesos de Moscú de 1936, la Suprema Corte de la URSS declaró culpables de traición a dos bolcheviques que junto con Stalin constituyeron el triunvirato que gobernó tras la muerte de Lenin: Kamenev y Zinoviev.

Volkogonov narra la escena de forma patética.

Stalin había prometido salvarles la vida a sus antiguos camaradas si se confesaban culpables, pero no lo hizo. Zinoviev –narra el historiador– caminaba sostenido por Kámenev, murmurando incoherencias:

“Había prometido, había prometido… Stalin había prometido… debíamos apelar a él… lo había prometido…”

La sentencia fue ejecutada al pie de la letra, y se sumaron a ellos 21 millones de víctimas políticas que hubo en la Rusia Soviética entre 1939 y 1953.

En 1991 cuando llegaba una etapa más civilizada de socialismo, el sistema soviético se derrumbó.

Paradojas de la historia…

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Profesor del doctorado en Estudios Regionales de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido también profesor de la UNAM, ENAH, e investigador en las Universidades de Illinois en Urbana Champaign, Universidad de California Los Ángeles y Universidad de Texas en Austin. Su campo de docencia es desarrollo regional, estudios urbanos, economía política y estudios de la globalización. Ha publicado trece libros de autor y doce coordinados en estos mismos campos, así como cuarenta artículos de investigación. Ha asesorado 30 tesis de licenciatura, maestría y doctorado, Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores desde 1994 y actualmente es nivel III. Tiene experiencia en gestión institucional como Director de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la UAS, secretario académico de la UAS, Secretario Ejecutivo de ANUIES (región Noroeste), presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Canadienses e integrante del Internacional Council for Canadian Studies.