Te hemos fallado Dayana l Columna La Montaña, de Oscar Loza

Por Oscar Loza Ochoa

Vivir para salvar las palabras
y para devolver el nombre a cada cosa.
Salvador Espriu

Nunca quisimos que tuvieras un número Dayana. Tu nombre y tu encanto personal se abrían espacio de manera natural en el barrio y en el pequeño universo de tu jardín de niños. No necesitabas de más. La maldad que gana terreno en nuestro medio y el principio de fatiga (para decirlo suavemente) que ahoga a las instituciones, en especial a la Fiscalía General, te dieron un número: eres la 71 de esa dolorosa lista de mujeres que la violencia ha asesinado durante este año.

Ese número será la marca de la vergüenza de nuestro tiempo y encerrará para siempre preguntas que no estamos seguros si tendrán respuestas. Entre otras, ¿qué nos faltó hacer para que no perdieras tu preciosa vida? ¿Qué mensaje lleva que parte de tus restos fueran depositados tan cerca de tu casa? ¿Qué hay detrás de tu desaparición y feminicidio? ¿Lo tomamos como un acto aislado? ¿Crimen organizado? ¿Quién fue el autor material y quién el intelectual? ¿Qué lección aprenderemos de este incalificable crimen? ¿La impunidad volverá por sus fueros de nuevo en este caso?

Si no sabemos dónde estamos parados ahora ni el porvenir que pretende nuestra sociedad, no podremos explicarnos la infamia que vivimos en el caso de Dayana ni estarán claros el camino y las zancadas que hay que dar. Con el caso de Dayana confirmamos que como sociedad, en materia de respeto a la vida, seguimos muy cerca del tiempo de las cavernas. Y que el Estado (la autoridad) es tan inútil  en ese campo como también lo ha demostrado ante los recientes sismos y en los momentos de emergencia social.

Muchas veces el silencio, tanto el que genera el miedo como la complicidad, conducen a que las víctimas vuelvan a serlo. Una vez las matan sus asesinos directos y vuelven a ser víctimas de homicidio por ese terrible silencio de los que ven, de los que oyen y de los enterados por otros medios. ¿Quién calló aquí?

Otro grave problema es el de las omisiones por parte de la policía y de la Fiscalía. El día 6 de junio la familia se presentó de inmediato ante la policía en Navolato denunciando que Dayana había sido víctima de un levantón y que se le buscara como desaparecida. En la corporación les dijeron que regresaran al día siguiente. No es la primera vez que sucede y por más insistencia de nuestra parte para que se envíen circulares, se capacite a policías y personal que atiende las denuncias, y que se vigile su trabajo, los errores en este sentido son recurrentes y provocan muchas pérdidas de vidas por no respetar protocolos.

Sería muy interesante echarle una hojeada a la carpeta de investigación del caso Dayana. De manera extraoficial sabemos que a cinco meses de la desaparición de esta niña que estaba a punto de terminar su educación preescolar, no han comparecido algunas personas claves para la investigación. ¿Por qué ha sucedido así? La Fiscalía tiene la palabra. Mientras Daniela y el resto de la familia, sin más elementos que fortalezcan su anhelo de encontrar íntegros los restos de su Dayana, buscan en los alrededores del punto donde dejaron una parte de su humanidad.

Como la autoridad no es celosa en la observación de los protocolos, demostrado hasta la saciedad, nosotros tenemos que movilizarnos y hacer propuestas para que se fortalezcan esos protocolos. Propongo crear una instancia ciudadana que vigile la aplicación del protocolo de búsquedas, bajo el principio de que lo que se haga en las primeras horas después de una desaparición será determinante para el esclarecimiento del crimen y para procurar justicia. Y que esa instancia rinda un informe público semestral, que sea una memoria oficial y que obligue a tomar medidas correctivas ante las fallas y sancione a los responsables.

Te hemos fallado Dayana, pero nunca es tarde para hacer  algo por otras niñas y mujeres como tú. Si promovemos esa instancia ciudadana y si vigilamos el trabajo de la Fiscalía General en algo abonamos para una nueva cultura de procuración de justicia. También estaremos viviendo para salvar las palabras como nos dice Salvador Espriu, porque hasta el discurso tiene que ser otro, y para devolver el nombre a cada cosa (y sujeto), pues hoy más nunca tendremos que asumir que Perla, Melanie, Rosita, Mónica y tu misma, no son sólo víctimas o un número en las estadísticas oficiales; son sobretodo un símbolo que dignifica la lucha de sus familias, de sus amigos y de mucho activistas por devolverle también el nombre pleno a esta agraviada sociedad. Vale.

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