Austin, agosto de 1966. El francotirador de la torre

Por Guillermo Ibarra

El domingo primero de octubre, apostado en el piso 32 del Mandalay Bay Hotel de Las Vegas, Nevada, Stephen Paddock, millonario de 66 años, disparó contra una multitud que asistía a un concierto musical por la noche, matando a 58 personas e hirió a cerca de 500, protagonizando otra más de las masacres en serie que padece la sociedad estadounidense, que pareciera tener una maldición que se repite cíclicamente.

Apenas se superaba el estupor por la matanza de la discoteca Pulse de Orlando del 12 de junio de 2016, que dejó al menos 50 muertos y otros 53 heridos, por Omar Siddique Mateen. La noticia sacudió al mundo.

Casi siempre los perpetradores parecieran personajes con una vida ordinaria que de pronto irrumpen como dioses coléricos que sacrifican inocentes.

En esta colaboración queremos referirnos a una ocurrida en Texas en donde un joven armado abrió fuego contra gente que deambulaba por las calles de Austin.

Fue hace 51 años en el campus de la Universidad de Texas, ubicado en el corazón de la ciudad de Austin, al norte del Capitol State Building, sede de los poderes estatales.

Nos llamó la atención el hecho y en 1995, estando en esa universidad en año sabático, realizamos una investigación en los archivos de la institución, y escribimos en ensayo “Austin, la ciudad y la Torre”, del cual tomamos elementos para este artículo.

Masacre en Austin, el primero de agosto de 1966. Fuente: http://aphelis.net/45-years-charles-joseph-whitman/
Masacre en Austin, el primero de agosto de 1966. Imagen: http://aphelis.net/45-years-charles-joseph-whitman/

A la hora del lunch, casi a las 12 horas, el primero de agosto de 1966, en la época de mayor virulencia de la guerra de Vietnam, Charles Withman, de 26 años, estudiante de ingeniería, parapetado en el pido 27 de la torre central del campus, armado con un arsenal, comenzó a disparar con dirección a la calle Guadalupe, y durante 80 minutos de fuego continuo, mató a 13 e hirió a 34, entre ellas mujeres embarazadas, estudiantes, turistas y transeúntes.

Bajo un calor abrasador, el pánico se apoderó de la universidad, que en aquel entonces tenía diez mil estudiantes; los cuerpos empezaron a sembrarse en los alrededores del campus, mientras que la policía y los guardias de la UT eran impotentes para detener el asesino.

Los primeros disparos salieron a las 11:55 AM; luego, estudiantes y curiosos se asomaron a las ventanas y otros salieron a las calles, y después, se arremolinaron para protegerse. En cuestión de minutos, al menos una docena de muertos y heridos estaba regada en el campus. Muchas de las víctimas murieron instantáneamente.

La universidad se rodeó de patrullas y ambulancias. Los oficiales abrieron fuego con pistolas y carabinas, tratando de liquidar al francotirador. Aparecieron rifles con mira telescópica. Cientos de proyectiles hacían brotar polvo de la torre sin poder pegar en el blanco, lo que sí estaba logrando Withman contra gente inocente.

Charles Withman y la torre de la Universidad de Texas. Imagen: http://criminalia.es/asesino/charles-whitman/
Charles Withman y la torre de la Universidad de Texas. Imagen: http://criminalia.es/asesino/charles-whitman/

Se apostaron francotiradores de la policía en los edificios cercanos y en los alrededores de la torre para dispararle. Un sheriff sobrevolaba en círculos por la cúpula de la torre intentando inútilmente cazar a Withman, que había subido a la torre escondiendo el arsenal en un baúl, que también contenía su lunch y dos botellas de agua. Las había preparado en la víspera en su casa. Al subir al piso 27 y luego a la torre, mató a la empleada, la señora Edna Townsley, que estaba al servicio de la entrada del observatorio; otras dos personas fueron encontradas muertas y tres heridas, ahí mismo.

El arsenal de Withman se componía de un rifle remington magnum de 6mm con mira telescópica, un remington pump 35mm, una carabina 30mm reacondicionado, una pistola magnum 0.375, dos luger 9mm, un sawed-off gauge shotgun, un cuchillo y gran cantidad de municiones. Sus vituallas incluían dos recipientes de plástico, uno lleno con cinco galones de agua y otro con tres galones de gasolina, sándwiches y latas de comida.

Charles Withman había estudiado en Lake Worth, Florida, hasta junior high school y high school, en West Palm Beach en el mismo estado. De acuerdo con su padre, fue uno de los Eagle Scouts más jóvenes del mundo; logró asimismo reconocimientos en la Marina y la Universidad. Un vecino de su pueblo natal declaró que, de niño, era el hijo que todo el mundo hubiera querido tener.

Era un hombre con capacidad de matar. Aunque no tenía registros graves de mala conducta en la Universidad de Texas. Su experiencia en la base militar de Guantánamo, Cuba, durante la crisis de los misiles, lo hacían un hombre potencialmente peligroso; se había retirado precisamente con honores, y obtenido una beca para cursar un posgrado.

Withman se movía de un lado a otro atrincherado en la torre de 85 metros de altura, utilizando diferentes armas. Era visible el cañón de su rifle, que expulsaba fuego. Estudiantes y profesores guardaban silencio en los edificios y bardas. Una mujer hincada, que lloraba a causa de una herida en una rodilla, fue rescatada por un policía. Otros elevaban al cielo para que la siembra de cuerpos se detuviera. Un grupo de señoritas y monjas que tomaban clase en el piso 26 fueron testigo del pánico en las alturas. Se mantuvieron rezando durante los acontecimientos.

Allen Hamilton, jefe de tráfico y Seguridad de la Universidad de Texas, envió dos hombres sin armas a la torre para alertar a la gente que permaneciera sin salir, en el primer piso sin salir.

En plena labor de combate estaban 50 agentes del Departamento de Seguridad Pública, Texas Rangers y policías de la ciudad.

Varios estudiantes pasaron a la ofensiva. Uno, cuya esposa trabajaba en la torre, llegó armado con rifle y tiró al observatorio. Otro aseguró haber hecho un buen tiro. Pero el francotirador disparaba desde los huecos de las balaustradas de la torre haciendo casi imposible alcanzarlo.

El avión seguía dando vueltas sobre el edificio en medio del tiroteo sin poder liquidar a Withman. Fueron llamados helicópteros pero nunca llegaron.

No hubo opción; el Sargento Ramiro Martínez, el oficial Houston McCoy y Allan Crum (empleado de la cooperativa de la UT), irrumpieron en el rascacielos a la 1:21 PM sin ningún plan en mente y comenzaron la cacería. Martínez había sido el primer policía en llegar después de recibir la orden por radio, cuando se guisaba un bistec para comer. Había sido durante sus seis años de servicio, un hombre estable y disciplinado.

En la caza de Withman, el trio se movió en direcciones contrapuestas, pues el asesino se deslizaba felinamente de un lugar a otro. Apostaban a cercarlo. Así, mientras este tiraba a Allan Crum, Ramiro Martínez, en dirección opuesta, se acercó a Withman y le dio seis tiros de su revólver calibre 38mm. Al mismo tiempo, Houston McCoy alcanzó también al asesino, participando con Martínez en el tiro al blanco.

Al otro día de la masacre, los periodistas tuvieron acceso a la torre y encontraron hilachos sanguinolentos sobre el piso, huellas de los resultados exitosos de la peligrosa cacería.

Al terminar su tarea, Ramiro Martínez estaba conmocionado y no se le permitió a la prensa entrevistarlo, “espero que ustedes comprenderán porqué” explicaba R.E. Miles, jefe de la policía.

Oficial Ramiro Martínez. Imagen: http://www.martinezgothim.com
Oficial Ramiro Martínez. Imagen: http://www.martinezgothim.com

Por radio se avisó del fin de la pesadilla y se llampo al padre David OBrien, director del Centro Estudiantil Católico para que diera los santos óleos a las víctimas, se le unieron otros dos que venían de ST. Austin Catholic Church, de 2010 Guadalupe.

Días después se presentó en Austin el padre de Withman a recoger las pertenencias de su esposa e hijo; al tiempo que se disculpó con los afectados, dijo no tener animosidad en contra de Ramiro Martínez, de quien manifestó respetar su trabajo.

Lavada la sangre de sus pisos, la torre continuó serena y enhiesta, como símbolo ahora del gran trauma que apesadumbraba a Austin, a la Universidad y a Estados Unidos mismo.

Medio siglo después se repite la misma historia, y los Estados Unidos conservan en su Constitución, el derecho de todo ciudadano de adquirir armas de cualquier calibre, sin control alguno.

¿Hasta cuándo terminará esta insania colectiva?

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Profesor del doctorado en Estudios Regionales de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido también profesor de la UNAM, ENAH, e investigador en las Universidades de Illinois en Urbana Champaign, Universidad de California Los Ángeles y Universidad de Texas en Austin. Su campo de docencia es desarrollo regional, estudios urbanos, economía política y estudios de la globalización. Ha publicado trece libros de autor y doce coordinados en estos mismos campos, así como cuarenta artículos de investigación. Ha asesorado 30 tesis de licenciatura, maestría y doctorado, Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores desde 1994 y actualmente es nivel III. Tiene experiencia en gestión institucional como Director de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la UAS, secretario académico de la UAS, Secretario Ejecutivo de ANUIES (región Noroeste), presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Canadienses e integrante del Internacional Council for Canadian Studies.