Reconstrucción de México, columna La Montaña, de Oscar Loza

Un país en que el Estado sólo rescata con éxito a los banqueros.
Fabrizio Mejía Madrid

Dos 19 de septiembre nos han marcado para siempre. Y lo más importante, le dieron una nueva dimensión a los conceptos de sociedad civil y de reconstrucción. Esa movilización espontánea, febril, que disputa cada minuto al día para ser oportuna y eficaz, ha traído lecciones invaluables sobre el perfil que cobran las sociedades modernas frente a los problemas de mayor trascendencia para la comunidad local y para el país. Ese pueblo movilizado frente a la emergencia sabe de los deberes que esta plantea y no espera a ver qué respuesta habrá de parte del Estado.

En 1985 y en este momento histórico, la masa de ciudadanos que se lanzó desde los primeros momentos después de los sismos a remover escombros, quizo salvar el mayor número de vidas posibles y las acciones que a la par se realizaron y realizan es para llevar alivio a los damnificados. Dar solidaridad en las zonas devastadas y desde los más diversos rincones del país, fue un sentimiento unánime.

Si bien hemos insistido en que el tejido social se nos ha enfermado y que la violencia nos lastima profundamente con sus mil consecuencias negativas como los cientos de miles de asesinados, decenas de miles de desaparecidos y más de un millón de desplazados por esa razón, el 19 de septiembre y de  1985 y este 19 de septiembre que nos duele tan cerca, han devuelto la fe en nosotros mismos. Y eso hace que más allá de las acciones mencionadas, hablemos de reconstrucción.

Sí, se habla de reconstrucción. De reconstruir no sólo los bienes materiales que los terremotos y las fallas humanas hicieron colapsarse. No pocos hablan de reconstruir ese tejido social enfermo que afortunadamente, con esa multitudinaria acción ciudadana, se le aplicó una tremenda dosis de medicina social. Y también, desde luego de reconstruir el Estado mexicano. La situación de emergencia que viven siete estado de México, lo es también de todos. No se puede cambiar el país, si el Estado permanece intocado, inmerso en una profunda crisis.

La generación de jóvenes que vivió 1985, en especial las mujeres, hicieron una gran aportación en el proceso electoral de 1988, manifestando su rechazo contundente a las viejas formas de hacer políticas y dándole un nuevo rostro a la democracia mexicana. La generación de este 19 de septiembre tiene una tarea muy clara: el país reclama una reconstrucción de ingeniería política mayor y esta no puede llevarse a cabo sin los cambios profundos que debe vivir el Estado.

La nueva emergencia que vivimos, más las que ya arrastrábamos, le dicen a los jóvenes de este 19 de septiembre que la sociedad es capaz de resolver crisis de calado mayor por su cuenta, pero también que el Estado puede convertirse en un instrumento de acción ciudadana. 1988 vivió una revolución democrática electoral, truncada en buena medida por el fraude electoral (“caída del sistema”). El 2018 espera por una nueva revolución democrática electoral, que permita emprender la reconstrucción más completa e integral de México.

Por lo pronto nos pasma la magnitud de lo que hay que reconstruir. Se habla de 10 mil escuelas que tienen daños mayores y el Laboratorio de análisis en comercio, economía y negocios de la UNAM, calcula que la reconstrucción material para la Cd. de México, Chiapas, Guerrero, Morelos, Oaxaca, Puebla y Tlaxcala, tendrá al menos un costo de 29 mil millones de pesos. Poco menos que los 35 mil millones de pesos que este año pagaremos de intereses por el rescate de los banqueros.

Cuando se habla de las escuelas, no están incluidas las de Sinaloa. Llama aquí la atención, que ante las protestas de padres de familia de la primaria Álvaro Obregón, se aceptó que esta institución y cinco más requieren de reconstrucción. Queremos recordarle al doctor Enrique Villa Rivera, que la SEPyC reconoció después del Huracán Manuel de septiembre de 2013, que no menos de 450 escuelas del estado reclamaban una fuerte inversión para recuperarse de los daños. Aquél recuento de pérdidas ha quedado en el olvido, sin que haya disminuido la amenaza de tragedias ante el riesgo de colapso. Es muy recomendable que no se descuide este renglón.

Es por demás manifiesto que el Estado no ha dado el ancho ante los sismos. Y la sociedad civil es el corazón del quehacer ante las emergencias. Por eso es muy importante que al hablar de reconstrucción, no olvidemos que también el Estado debe quedar inscrito en ello. La fuerza social logró que haya compromisos de los partidos para compartir parte de sus ingresos para la reconstrucción. Esa misma fuerza debe plantearse también que el costo del rescate bancario no puede el dolor de cabeza eterno. Necesitamos esos recursos para los damnificados. Vale.

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