Rescatemos Altata, cuando (increíblemente) ciudadanos y gobierno vencieron al crimen

Caravana rescatemos Altata. Foto: Tomada de Facebook.

Columna: Proceso de Paz

Por: Silber Meza

Altata es para los habitantes de Culiacán, Sinaloa, lo que Acapulco es para los de la Ciudad de México: una playa cercana que es utilizada para pasar el fin de semana. Así es en la actualidad. Pero hubo un lapso en que no lo fue.

Los años 2010-2011 representaron un tiempo oscuro para los habitantes de esta bahía que pertenece al municipio de Navolato, y también para los culichis, gentilicio que se utiliza para los habitantes de Culiacán. En ese entonces, mientras veían planear a las gaviotas, los comerciantes vendían una que otra cocacola o alguna tostada de ceviche. Atrás habían quedado los tiempos donde los carros llenos de turistas atiborraban las calles, los cuartetos norteños, llamados chirrines, hacían sonar sus estribillos mientras los sinaloenses bailaban abrazados sobre la arena marina. En ese entonces sólo se oía la brisa del mar, y en ocasiones el motor de una que otra camioneta artillada que llevaba abordo a jovencitos dispuestos a matar por unos cuantos pesos.

La violencia no se leía en los periódicos, se sentía en las calles; no se analizaba en los índices, se escuchaba en los disparos; no se contaban leyendas de homicidas antihéroes, se observaban los muertos.

Hace unos años, en marzo de 2015, fui a conocer esta historia que hoy tengo la oportunidad de contar en este espacio y que espero más adelante forme parte de un libro que varios periodistas traemos entre manos. En esa ocasión hablé con con la restaurantera Alma Rosa del Rosario, mejor conocida como La Güera. Ella presenció todo el proceso: la playa deseada, la noche oscura, y la recuperación soñada.

“Todos comercio se fue para abajo porque hubo mucha violencia: te quitaban el carro, asaltaban a la gente, todo. Aquí en Altata nunca había pasado eso”, dijo entonces la propietaria de Mariscos La Güera.

Hasta 2007 Sinaloa contabilizaba 741 homicidios dolosos, lo que era un escándalo en el Estado. Pero con las disputas entre cárteles y la mala estrategia federal de contención de la violencia, las cifras empezaron a crecer. En 2008 fueron mil 156 homicidios dolosos; en 2009, mil 251; en 2010, 2 mil 250; en 2011, mil 906. Altata era una de las zonas más afectadas. Ahí se fracturó la coexistencia de los cárteles de Juárez y de Sinaloa. La tensión era inaguantable.

Esta situación fue la que hizo que un grupo de ciudadanos de Culiacán, en su mayoría de condición económica media, decidieran organizarse y, literalmente, rescatar su playa: Altata.

Personas como Javier Llausás, Angelina Zamudio y Gilberto Ceceña, entre muchos otros, apostaron a un plan de dos frentes: por un lado la autoridad reforzaría la zona con una nueva corporación llamada “Policía de Élite”, con mejores sueldos, entrenamiento e identidad protegida; por el otro los ciudadanos realizarían caravanas de visitantes para reactivar el comercio e impulsarían acciones para motivar a las juventudes a que optaran por actividades lícitas y motivacionales. Así se creó, por ejemplo, una escuela de box, de voleibol y hasta un satélite escolar lanzaron al cielo.

Deporte tras deporte, caravana tras caravana, patrullaje tras patrullaje fueron ganando la pelea a la delincuencia. A la vuelta de seis meses Altata era otro: sus calles se llenaban de paseantes que se sentían seguros y los negocios lucían abarrotados. El municipio de Navolato, lugar donde se halla la bahía de Altata, pasó de 20 robos por día a sólo un par, según declaró el Alcalde en turno.

“Ese movimiento fue lo que hizo que Altata se viniera otra vez para arriba”, dijo La Güera.

Fue un feliz hecho inédito que tristemente jamás se ha repetido en el estado de Sinaloa. ¿Autoridad y ciudadanos unidos para derrocar a la violencia? Sí, alguna vez pasó.

Atardecer en Altata. Foto: rabiaytinta.
Atardecer en Altata. Foto: rabiaytinta.

Presentación de la columna

La columna Proceso de paz busca poner el ojo en las experiencias exitosas que han sucedido en México y en el mundo, y que han contribuido a que disminuya la violencia, a que se reconstruya el tejido social, a que mejore el humor de la población. Aunque cada 15 días se contarán primordialmente historias de esperanza, también se escribirán análisis con datos duros en materia de seguridad, de corrupción e impunidad. La razón de incluir este último binomio obedece a que resulta prácticamente imposible disminuir los índices de violencia si no limpiamos a las policías, si no desterramos la colusión de los políticos y el crimen, si los empresarios no rechazan el dinero sucio, si la sociedad no deja de enaltecer las conductas criminales, si no tenemos una democracia plena, si no reducimos el dolor que genera la impunidad. Te invito a que me acompañes en esta nueva columna temática que busca generar debate público sobre el tópico e incidir para que México inicie, en serio, un verdadero y urgente proceso de paz.