Fundamentalismo yankee, columna de Guillermo Ibarra

Por Guillermo Ibarra

Siempre hay que esforzarse para ver “el otro lado de la luna”, es decir, mirar lo que la luz no nos permite apreciar en ciertos momentos.

Cuando pensamos en el nazismo en Alemania, fijamos nuestra atención en las filas del ejército alemán y sus líderes demoniacos, soslayando que en realidad fue una nación entera la que se extravió emocional y políticamente, y protagonizó uno de los actos de crueldad más aberrantes de la historia moderna, cuando la mayoría de sus ciudadanos fueron cómplices deliberados del exterminio de los judíos y la pretensión de impulsar mundialmente un imperio del mal.

Los estudiosos del holocausto han puesto en claro que los orígenes del totalitarismo alemán se encuentran en tradiciones, culturales y políticas, que en un momento de crisis convirtieron el amor a su patria en una acción colectiva de odio y desconfianza hacia los que consideraban extraños.

Una Alemania derrotada en la Primera Guerra Mundial, mermada territorialmente, con una deuda de guerra impagable, con agravios a su militarismo y orgullo nacional, combinado con una crisis económica y política profunda, posibilitó el arribo de Hitler y sus huestes.

A pocos no alarma que en los Estados Unidos haya resurgido el activismo de grupos neonazis y nacionalistas blancos, recibiendo un eco político e ideológico del propio presidente de ese país, que equipara a sus acciones terroristas y xenofobia con una expresión de la pluralidad cultural legítima de su país, y que merecen el mismo trato que los militantes de la “izquierda”.

Los actos terroristas en Charlottesville, Virginia, del pasado 13 de agosto, detonados por una marcha en protesta por la intención de retirar de su nicho la estatua del General Confederado Robert E. Lee, ganaron el repudio de la mayoría de los estadounidenses.

Lamentablemente, la posición de Trump no es la de un solitario en la Casa Blanca; existe una masa agitada emocionalmente por el fuerte impacto que está provocando la crisis global en su bienestar y vida cotidiana.

En su conocido opúsculo Runaway World (1999), Anthony Giddens sostiene que el fundamentalismo es hijo de la globalización, es la reacción emocional de grupos sociales ante las amenazas que perciben sobre sus tradiciones.

Las tradiciones, asimismo, son esquemas que mediante rituales repetidos concitan a pensar, emocionarse y actuar de cierta forma, conforme a valores que se reputan como sagrados. Afortunadamente, las tradiciones se reinventan, según el pensador inglés, y es posible conservarlas si se avienen a las nuevas tendencias de la vida social.

En Estados Unidos hay permanentes conflictos entre múltiples tradiciones, que se han exacerbado por el arribo al poder de fanáticos y políticos aventureros, encabezados por Donald Trump.

El millonario neoyorquino ha generado de forma irresponsable, un discurso antiglobalizador, nacionalista, intolerante y xenófobo.

Pero no deja de ser cierto que otros sectores progresistas de la sociedad estadounidense no reaccionan inteligentemente ante el conflicto.

Bajo la idea de rechazar la intolerancia y los valores que dañan la dignidad de las personas, existe un movimiento en la Unión Americana de retirar de lugares públicos, las estatuas de personajes históricos de Confederados del sur esclavista de la guerra civil del siglo XIX.

Este hecho se extiende por todo el país, con furor iconoclasta.

Según The New York Times se han removido estas estatuas en 20 ciudades y hay otras 20 donde esta propuesto llevarlo a cabo.

Fuente: The New York Times, 2017 (http://nyti.ms/2x6A8rd).
Fuente: The New York Times, 2017 (http://nyti.ms/2x6A8rd).

Entre los antihéroes de hoy están Roger Taney, Robert E. Lee, Albert Sidney Johnston, John Reagan y  Jefferson Davis. Estas acciones también tienen a fundamentalistas de su lado.

El pasado lunes se arrestó a un individuo que pretendía dinamitar una estatua confederada en la ciudad de Houston, Texas. Esto seguramente tendrá respuesta de parte de supremacistas.

Superar este problema no solo requiere meter en cintura a neonazis y racistas, sino descrispar el ambiente político y el conflicto cultural en ese país.

Las tradiciones no van a desaparecer por decreto, sobre todo una tradición elitista que arraigó secularmente en Estados Unidos.

Es necesaria mayor prudencia para no generar pretextos a los más fanáticos que se sienten guardianes de tradiciones supremacistas.

México, de te fabula narratur

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Profesor del doctorado en Estudios Regionales de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido también profesor de la UNAM, ENAH, e investigador en las Universidades de Illinois en Urbana Champaign, Universidad de California Los Ángeles y Universidad de Texas en Austin. Su campo de docencia es desarrollo regional, estudios urbanos, economía política y estudios de la globalización. Ha publicado trece libros de autor y doce coordinados en estos mismos campos, así como cuarenta artículos de investigación. Ha asesorado 30 tesis de licenciatura, maestría y doctorado, Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores desde 1994 y actualmente es nivel III. Tiene experiencia en gestión institucional como Director de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la UAS, secretario académico de la UAS, Secretario Ejecutivo de ANUIES (región Noroeste), presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Canadienses e integrante del Internacional Council for Canadian Studies.