Juntas de agua potable. Números rojos, injustificados l Columna de Guillermo Ibarra

Por Guillermo Ibarra

No hay político valiente en Sinaloa que se atreva a sanear de una vez por todas a las juntas de agua potable. En la mayoría de los municipios se encuentran en práctica bancarrota, como ha informado recurrentemente Liliana Cárdenas, titular de la Comisión Estatal de Agua Potable y Alcantarillado de Sinaloa.

Resulta ocioso repetirlo pero es una verdad que olvidamos, el principal elemento para poder vivir después del aire que respiramos, es el agua. Pero actuamos como si no lo fuera.

Sin importar el nivel social, las personas gastamos más en tiempo aire de telefonía, refrescos embotellados, comida chatarra, que en el agua potable. A pesar de ello, las juntas de agua que la proveen se encuentran con número rojos.

Esto es injustificable. No puede seguir. Ya basta de politizar su cobro.

Un estudio de El Universal sobre las tarifas de agua en las cien ciudades más importantes de México, encontró diferencias abismales, pues hay lugares que cobran un peso por metro cúbico y otros, más de 22 pesos. Por ejemplo, entre Fresnillo y Villahermosa el precio varía 2000% (http://eluni.mx/2uJ95BC).

Las ciudades con agua más cara son: Fresnillo, Querétaro, Aguascalientes, Pachuca, Tijuana, Tlalnepantla, León y Ciudad de México. Las que cobran tarifas más bajas son: Villahermosa, Campeche, Cuautla, Tapachula y Mazatlán.

Estas diferencias no atienden a costo-beneficio estrictamente, sino a correlación de fuerzas políticas y los niveles de conciencia ciudadana en cada municipio.

Quizá la excepción en Sinaloa de un buen manejo de agua potable, es Culiacán, cuyas tarifas domésticas varían, de acuerdo al volumen consumido, desde seis hasta 19 pesos metro cúbico, siendo el promedio 11.87 (http://japac.gob.mx/tarifas/). La Japac es una empresa no exenta de problemas, pero tiene fortalezas tecnológicas, administrativas y hasta hoy, ha sido viable financieramente.

En cambio, en Mazatlán el rango de la tarifa va de 4.74 a 18.48, siendo el promedio 9.8 pesos por metro cúbico, y tiene pésimo servicio (http://bit.ly/2vzuTm1).

En los municipios menos poblados paradójicamente es donde se hace un uso más irracional del agua, los habitantes riegan la banqueta y las plantas a diferentes horas del día, desatienden fugas, y por ser áreas de relativa marginación, es difícil cobrar el agua, aunque las tarifas no sean tan altas.

Las administraciones municipales tienen que adoptar múltiples estrategias para cubrir los gastos de operación de las plantas de agua potable y pagar la nómina, pues los ingresos no alcanzan. Por ejemplo, el consumo eléctrico se subsidia de manera cruzada contabilizándolo como alumbrado público o en ocasiones, algunas áreas se utilizan “diablitos”.

Algunas juntas tienen personal de más, otras, de menos. Pocas tienen funcionarios honrados, algunas están en manos de verdaderos depredadores y en ocasiones se encuentran al frente de ellas personas sin vocación para el servicio.

La solución a este gravísimo problema requiere de acciones en diferentes plazos. No se trata de un ajuste inmediato de tarifas. Deben retomarse, en principio, las campañas para el uso racional del agua. Un proceso de educación permanente, ininterrumpido, en el que participe el gobierno y la sociedad en su conjunto. Existen múltiples antecedentes para crear una cultura.

En la medida en que recobremos conciencia del riesgo que tenemos para un abastecimiento permanente habrá condiciones para poder ajustar tarifas realistas y las personas tengan otras prioridades en el consumo de bienes básicos, de tal suerte que puedan pagar el agua que consuman.

Esto podría avanzar con una modernización administrativa y erradicar la corrupción en las haciendas municipales. También reorientar parte de la inversión pública que se dedica a carreteras para reforzar la infraestructura de agua potable y el control de desperdicios.

Después de todo ello, seguirá siendo necesario un esquema de subsidios para algún tipo de empresas e instituciones de servicio social y comunitario y el apoyo a grupos socialmente marginados, sin embargo, la meta debe ser que cuidemos mejor el agua y el consumidor actúe de forma racional al enfrentarse a tarifas que castiguen el desperdicio.

Afortunadamente, se han venido socializando las estrategias para hacer una gestión eficiente del agua que ha tenido eco en muchos gobiernos locales. El Banco Interamericano de Desarrollo (2015) ha llamado la atención que, ante el cambio climático, la gestión debe ser integral (http://bit.ly/2vDUg4g).

Agua

 

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Profesor del doctorado en Estudios Regionales de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido también profesor de la UNAM, ENAH, e investigador en las Universidades de Illinois en Urbana Champaign, Universidad de California Los Ángeles y Universidad de Texas en Austin. Su campo de docencia es desarrollo regional, estudios urbanos, economía política y estudios de la globalización. Ha publicado trece libros de autor y doce coordinados en estos mismos campos, así como cuarenta artículos de investigación. Ha asesorado 30 tesis de licenciatura, maestría y doctorado, Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores desde 1994 y actualmente es nivel III. Tiene experiencia en gestión institucional como Director de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la UAS, secretario académico de la UAS, Secretario Ejecutivo de ANUIES (región Noroeste), presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Canadienses e integrante del Internacional Council for Canadian Studies.