Barbarie y luto en Sinaloa, columna La Montaña, de Oscar Loza

 

Por Oscar Loza Ochoa
Un día los sueños se fueron. Pero no la angustia.
Adriana Díaz Enciso
Inaceptable para un país que vive en Estado de derecho, alarmante para una sociedad que ama la paz. ¿Cómo aceptar que en un solo día el número de muertes violentas supere las 20? Aún más, y que la mayoría lo sea a manos de la autoridad. Es un escándalo la cifra y el que la autoridad no atienda los Principios básicos sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego por los funcionarios encargados de hacer cumplir la Ley. Los resultados, por dolorosos, son demasiados contundentes. Son un axioma en materia de seguridad.
Otra cosa muy preocupante es la frescura con la que se declara sobre los hechos. Sin la investigación correspondiente de parte de la Fiscalía, se recurre a un viejo y desgastado recurso, el de calificar a los muertos como delincuentes. ¿Es la manera de justificar una acción donde civiles pierden la vida en un presunto enfrentamiento? El secretario de seguridad pública de Sinaloa, aseguró que los 17 muertos en el Aguaje de Costilla, Sindicatura de Villa Unión, eran una célula delictiva.
Es posible que a los funcionarios públicos ya se les olvidaron los principios constitucionales. Habrá que insistir que esos caídos son seres humanos, son ciudadanos mexicanos y aún considerando que fueran delincuentes, no mengua la obligación de la autoridad de aprehenderlos y presentarlos para ser juzgados ante un juez. Sin dejar de decirles al presidente municipal de Mazatlán, al presidente del partido oficial, a empresarios y diputados que dijeron que la acción en el Aguaje de Costilla fue un éxito, que reflexionen un poquito antes de hablar y que vean que la exigencia social ha sido terminar con la violencia, no darle un nuevo impulso. De entrada, ¿cuántos huérfanos y viudas se sumaron ese día al universo de la población más desamparada de Sinaloa?
Queda muy claro que con esas acciones oficiales contra la violencia poco se abona a la tranquilidad de la sociedad. Dos botones de muestra: el presidente de la Federación de Abogados de Sinaloa, Carlos Roberto Valle Saracho, lanza un aviso urgente a sus asociados informándoles que se suspende el evento del día del abogado programado para el sábado 8 de julio, “en virtud de que no hay condiciones de seguridad en el estado de Sinaloa para el traslado de todos ustedes, por lo que recomendamos mantenerse cada quien en sus lugares de origen, para mantenernos todos bajo buen resguardo, ya que tanto la ciudad de Culiacán como las carreteras estatales representan un serio peligro para toda persona, además que en honor a la verdad no hay nada que festejar al tener a tantas familias agraviadas.”
El otro botón, nuestro bello puerto de Altata luce por demás desolado. Sólo algunos valientes o despistados turistas llegan a los vacíos restaurantes, mientras en las cercanías un viejo perro pastorea pulgas a sus anchas. ¿La causa? El entorno violento del que hablamos, sin que la presencia de las armas oficiales espante la violencia y nuestros miedos.
Este día jueves 6 se cumplió un mes de la dolorosa desaparición de Dayana Esmeralda Fierro Zazueta, la niña de San Pedro. No hay noticias sobre su paradero y la Fiscalía no ha dado pruebas de ser mejor que la vieja Procuraduría en materia de investigación y persecución del delito. Seguimos buscando con nuestros ojos y lamentando que nuestros recursos de indagación y relaciones no hayan arribado a la localización de Dayana. Hagamos todos un sobre esfuerzo, no podemos esperar a que una “chiripada” de la Fiscalía resuelva el caso.
A un mes de la desaparición de Dayana, convoquémonos para continuar la búsqueda con el ánimo de encontrarla y manifestemos al gobierno de Sinaloa, que urge la atención a los problemas de inseguridad, garantizar que todos los niños y jóvenes tendrán la oportunidad de asistir a clases y que nadie muera en nuestros hospitales por no tener dinero para medicinas y que se olvide de ese plan que ha encontrado eco en el Congreso del Estado, de grandes retrocesos en la legislación de transparencia y de la democracia, mientras la sociedad vive el luto de sus innumerables pérdidas humanas.
Que el activismo de quienes no olvidan día tras día el caso Javier Valdez y el de las señoras de Voces Unidas por la Vida, sean el acicate para el resto de la sociedad que debe ser tan terca como ellos en materia de exigencias, para que la justicia y la paz no estén tan lejanas de nuestras tierras y vidas. Vale.
Twitter @Oscar_Loza