Los padres del pequeño Santiago y la incansable lucha por la justicia

Uno de los aniversarios de ABC/ Movimiento 5 de Junio

Por Zorayda Gallegos

La noche del 5 de junio del 2009 Roberto Zavala y Martha Lemas llegaron al Servicio Médico Forense después de haber recorrido todos los hospitales de Hermosillo. Un empleado los condujo a una sala donde les mostró las fotos de los menores muertos que faltaban por ser identificados. La primera imagen que tomaron entre sus manos los sacudió: era el rostro de Santiago de Jesús, su hijo. El pequeño de 2 años vestía una camisa que esa mañana Martha colocó en su mochila antes de dejarlo en la guardería.

Su cuerpo tenia el 10% de quemaduras, pero había muerto por intoxicación.“Yo sólo agradezco que no tuvo que durar una semana en cama sufriendo como otros niños. Hay niños que tuvieron cien por ciento de quemaduras”, diría Roberto unos días después de aquel fatídico día.

El cuerpo del pequeño apenas fue velado un par de horas y fue cremado al siguiente día con la intención de no alargar el sufrimiento.

Han pasado ocho años del incendio donde murieron 49 niños y más de un centenar quedaron heridos. Ocho años que se descubrió una trama de corrupción política y empresarial en Sonora. Ocho años de procesos penales frustrados que mantienen a todos sus involucrados en libertad.

–¿Qué balance podría hacer de estos ocho años de la tragedia? —se le pregunta a Roberto Zavala.

–En mi punto de vista sabíamos que iba  a ser un proceso cansado. A mí me tienen sorprendido las autoridades: la incompetencia que han venido demostrando. Ya han pasado varios procuradores, gobernadores y presidentes y la autoridad sigue viendo otra realidad distinta a la magnitud de lo ocurrido. Hasta ahora todo es impunidad. El proceso se ha venido alargando y todavía continúa.

En mayo del año pasado parecía sentarse el primer paso en el camino a la justicia. Un juez del Estado de Sonora dictó sentencia por homicidio culposo y lesiones en contra de 19 de los 22 implicados con penas que oscilaban entre los 20 y los 29 años de cárcel. Entre los sentenciados estaban la jefa del Departamento de Guarderías dependientes del Instituto Mexicano de Seguro Social (IMSS), el entonces delegado de esa dependencia en Sonora, el titular de Protección Civil municipal y el jefe de Bomberos.

El fallo también impuso una pena de 28 años de prisión a Sandra Lucía Téllez Nieves y Antonio Salido Suárez, dos de los dueños de la instancia infantil. La primera tenía el cargo de representante legal y el segundo era secretario del consejo de administración. En la resolución no se hizo mención sobre los otros tres dueños: Marcia Gómez del Campo, prima de la panista Margarita Zavala de Calderón; Alfonso Escalante Hoeffer y Gildardo Úrquidez Serrano.

–Hubo importantes sentencias el año pasado, ¿pero nadie ha pisado la cárcel?

–Ellos (los sentenciados) podían recurrir a la siguiente instancia, ahorita el caso está ahí. El tribunal lo que va a hacer en términos jurídicos, es decir, si va o no va la sentencia, o la puede modificar. Pueden decir: ‘las penas las consideramos muy duras, hay que reducirlas, o aumentarlas’. Pero a como se han comportado las autoridades no creo que haya un resultado positivo para nosotros.

–¿Esta sentencia sí representó un paso para hacer justicia?

–El paso era que se agotara esa instancia nada más. No esperábamos grandes resultados, pero sí que concluyera esta primera instancia. Aunque esperábamos que esto se hubiera dado hace mucho tiempo, pero apenas ocurrió el año pasado.

–¿Crees que algún día se alcance la justicia que ustedes buscan?

–De creer no, pero sí la espero. Soy un poco escéptico, pero de corazón sí espero que se dé. Es algo así como una esperanza ciega.

***

La tarde del viernes 5 de junio del 2009, Roberto Zavala —entonces de 26 años— salió de su trabajo en la planta automotriz Ford, en el sur de Hermosillo, Sonora, con rumbo a la guardería ABC, donde recogería a su hijo. En el trayecto rumbo a la colonia Y Griega, donde estaba la estancia infantil, se percató que el tráfico era distinto: los carros avanzaban lento.

Pronto divisó una densa columna de humo y sujetó con más fuerza el volante. Se inclinó hacia enfrente para tratar de identificar de dónde provenía esa humareda. La desesperación pronto se apoderó de él y aceleró. Al ver que no podía avanzar se atravesó por camellones y hasta condujo en sentido contrario. Al acercarse más vio que el incendio provenía de una bodega contigua a la guardería y sintió alivio.

Pensó que los niños habían sido evacuados, pero no fue así. Al llegar se encontró con los mismos rostros de desesperación que el suyo y la misma pregunta: ¿dónde está mi hijo? Roberto se abrió paso entre la multitud y el ruido de las sirenas que se perdía entre el llanto colectivo. Sus ojos incesantes no dejaban de buscar el rostro de Santiago entre las decenas de menores.

—¿Dónde está Santiago? —le preguntó a una de las maestras.

—A lo mejor está en aquella casa –le dijo mientras señalaba el lugar donde se habían llevado a resguardar a los pequeños.

El hombre entró corriendo a la vivienda, y al ver que su hijo no estaba ahí regresó corriendo a la guardería. Desesperado se quitó la camiseta, la amarró a su rostro y entró en la bodega llena de humo. “Yo me metí a la sala donde estaba Santiago, y en el piso empecé a mover las colchonetas, casi no se podía ver, luego entré a otra sala, pero no estaba él”, contaría a esta reportera unos días después.

La siguiente búsqueda fue en los hospitales, donde tampoco lo encontró.

–Desde aquel día, ¿cómo ha cambiado tu vida en lo familiar? —se le pregunta ahora.

–A raíz de que nosotros empezamos a tomar distancia de los grupos (activistas) empezamos a reconstruir un poquito nuestra vida. Empezamos a retomar proyectos, a tener nuevas esperanzas y a pensar un poquito más en el futuro. Yo creo que venimos a unirnos más como familia.

–¿Cómo recuerdas a tu niño Santiago?

–Hay cosas que no se superan, yo no puedo recordar de manera bonita, con una sonrisa. Yo no puedo evitar que duela mucho el simple hecho de pensar en él. Son etapas de duelo que no he superado. Yo adopté una mentalidad de que así son las cosas, ésta es la realidad por más jodida que sea y decidí aprender a aprovechar lo que tengo aquí. Hay un vacío grande, muy grande y yo sé que aquí va a estar; ya dejé de luchar contra eso. Una vez que lo aceptas y sabes que ahí te va a estar acompañando, las cosas cambian.

FAMILIA ZAVALA LAMAS***

Unos días después de la cremación del pequeño Santiago, Roberto fue a su casa —que habían abandonado él y su esposa desde el día del incendio— a recoger unos cambios de ropa. Al salir al patio encontró en la lavadora la ropa de su hijo. Terminó de enjuagarla y la colgó. La contempló de pie en aquel sofocante silencio.

La primera semana para la familia Zavala Lemas fue asimilar el dolor. En las charlas recordaban las risas, los gestos y los juegos del pequeño Santiago.

“Nosotros perdimos a un primer bebé. Entonces Santiago era la ilusión, era un niño muy esperado, por eso no me embaracé así nomás, sino que me preparé, me hice estudios, ahorramos dinero para pagar una clínica particular porque yo le quería dar lo mejor”, contó Martha, la esposa de Roberto días después de la tragedia.

Una vez que Santiago nació, Martha supo que si quería darle una mejor vida a su hijo tenía que obtener un empleo remunerado porque el sueldo de su esposo era insuficiente. En las noches que llegaba de trabajar en un call center la satisfacción más grande era ver a su niño bañado y arropado a un costado de su padre.

–¿Qué sería para ti la justicia? —se le pregunta Roberto.

–Siempre lo he dicho: para mí es castigo. La reparación del daño no se compara con el castigo porque el hecho de pagar indemnizaciones cualquiera lo hace, pero nos queda claro que si no se sienta un procedente de que los responsables paguen por sus negligencias y omisiones, entonces hablamos de otra cosa. Por eso en México continúan pasando un sinfín de desgracias porque no hay un castigo ejemplar. No se castiga la incompetencia de los funcionarios. Están totalmente cobijados por el Estado. No es justicia si no hay un castigo y castigo es pena corporal: cárcel.

***

El trece de junio del 2009, después de la segunda marcha que se realizó en Hermosillo, Roberto Zavala tomó el micrófono entre sus manos. El padre de familia, que nunca había hablado en público, no llevaba un discurso preparado, pero sus improvisadas palabras sacudieron la consciencia de los presentes aquella calurosa tarde de junio.

“Entre el IMSS, los socios de la guardería, la persona que rentaba la bodega a (la Secretaría de) Hacienda, ninguno ha aceptado su parte de culpa, pero hay un responsable que sí está aceptando la culpa y la lleva en las espaldas. Ese soy yo”, gritó con el rostro inundado de coraje.

Frente a él, cientos de personas que se habían reunido tras la manifestación en las puertas del Palacio de Gobierno le repetían que él no era el culpable.

“Yo soy el principal responsable por ser una persona honrada que tiene un empleo, como todos los que estamos aquí, por tener que cumplir con un horario de trabajo, por tener la seguridad social que me dio la oportunidad y me dio la elección de que entrara mi hijo a esa guardería donde me dijeron que contaba con todas las medidas de seguridad. Yo tengo la culpa por confiar, yo tengo la culpa por pagar mis impuestos, yo tengo la culpa por ir a votar, yo soy el responsable de la muerte de mi hijo”, exclamó.

Los gritos de la gente se confundían. El rostro de Roberto parecía estallar de coraje. En momentos la voz era baja y luego llegaba a los gritos.

“Señor gobernador, aquí está uno de los responsables que está buscando. Venga por mí, aquí lo estoy esperando. ¡Estoy harto!”, exclamó Zavala.

“Yo buscaré al responsable de todo esto, a todos los culpables, y si no hay justicia por parte de las autoridades, habrá venganza por parte del pueblo”, advirtió ese sábado.

Desde entonces su lucha junto con otros padres no ha terminado. Aunque ya no es parte de ninguna de las agrupaciones que se formaron, como el movimiento 5 de Junio o Manos Unidas, el clamor de justicia sigue igual.

–A casi ocho años de haber pronunciado aquellas palabras donde decías que tú eras el culpable, ¿sigues pensando lo mismo?

–Ese fue un sentimiento totalmente normal. Cualquier padre de familia que se siente responsable por la seguridad y la salud de sus hijos pensaría algo así. Yo lo dije tomándome como referencia a mí, pero es parte de lo que sentimos en la sociedad. Ese sentimiento todavía lo tengo. Al ocurrirte una tragedia así y ver la desinformación en la que estamos sumidos y esta corrupción, donde los ricos se hacen más ricos y los pobres cada vez son más pobres, uno siente que le están viendo la cara.

marcha 2

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Roberto participó activamente en diversas movilizaciones. En noviembre del 2014 él y otros cientos de ciudadanos tomaron de forma simbólica el Congreso de Sonora. Desde la tribuna pidió evitar la candidatura de Claudia Pavlovich a cualquier puesto de elección popular. El enojo de los padres hacia la actual gobernadora se debe a que dos meses después del incendio, la política del PRI envió una carta al juez de distrito que resolvía el caso donde exaltaba la calidad moral de los dueños de la guardería, un grupo de empresarios pertenecientes a las familias más ricas de Sonora.

–Recuerdo el enojo que tenían por las cartas de recomendación, ¿le llegaron a reclamar en persona?

–Sí salió a relucir el tema. Se mostró la molestia que teníamos y al final de cuentas quedó con que ella no sabía lo que firmaba.

–Desde que anduvo de candidata y ahora como gobernadora, ¿los ha buscado?

–Cuando fueron las elecciones se reunió con un grupo de familias que supuestamente salieron muy esperanzadas. Posteriormente ya que ganó las elecciones se dieron algunas reuniones con distintos grupos de padres. A mí me tocó participar en una de esas charlas y la verdad que no me dejó buen sabor de boca. Se habló mucho de ayudar a contribuir con las familias lastimadas, pero todo quedó en palabras.

–¿Qué les prometía en esas reuniones?

–Las familias traen distintas demandas, muy individuales. En algunos casos estamos hablando de becas para niños, para nuestros hijos. En otros casos se solicita apoyo para conseguir empleos porque muchos perdieron su trabajo. Son necesidades muy variadas de cada familia.

–¿Se sintieron defraudados con el gobierno del PAN que prometió hacer justicia?

–Te sientes defraudado de quien esperas algo. Hubo un acercamiento al inicio, pero después hubo un alejamiento brutal. Ellos entraron con su visión de ‘vamos a cambiar el Estado’, pero terminaron siendo iguales o peores.

–¿En estos ocho años han sentido un cobijo de la sociedad mexicana?

–Indudablemente en todas las movilizaciones sociales el cansancio pega. Los grupos tienden a perder fuerza. Sabemos que hay una sociedad todavía indignada que atiende los llamados, que va a las manifestaciones. Pero es difícil pedir un mensaje de unidad cuando los afectados están enfrentados totalmente porque hay posturas distintas. Eso confunde a la gente. Tenemos un grupo que trae tales exigencias y otro que está defendiendo a los funcionarios. El gobierno interviene a través de grupos que se prestan a sus juegos. Por ejemplo, se han hecho muchos pronunciamientos en contra de las autoridades y a los días aparece un grupo de padres defendiendo a las autoridades a las que se les acababa de reclamar. Entonces eso confunde.