Con los pies hispiados I Columna La Montaña, de Oscar Loza

Por Oscar Loza Ochoa

Todo cambia, todo se transforma: todo sigue igual.

Carlos Monsiváis

La Caravana por la Paz y los Derechos Humanos ha concluido. Podemos agregarle que el saldo que arroja es muy positivo. La idea que se tenía era que al recorrer unos 300 kilómetros entre la ciudad de El Fuerte y Culiacán, haríamos pública nuestra condena a la violencia y las tristes historias que arroja en toda la geografía sinaloense. Y que al dialogar con mujeres y hombres de cada comunidad en que peregrinamos, les estrecharíamos la mano diciéndoles que sus problemas eran también nuestros. Que la violencia que los condena a vivir con el Jesús en la boca también les impide que sus hijos vivan la vida en paz,  puedan ir a la escuela y jugar libremente en la calle.

El acompañamiento que tuvimos en cada municipio recorrido y la bienvenida que nos dieron al llegar a las comunidades y en cada casa que visitamos habla de oídos receptivos y de personas sensibles que también comparten el miedo, la zozobra y las esperanzas de que este problema de la violencia pueda ser controlado con la movilización de la sociedad y sacudiéndole el tapete al Estado.

Los familiares con desaparecidos nos enseñaron que a pesar del estado de salud, de la edad y de las inclemencias del tiempo, es posible peregrinar por buena parte de la tierra sinaloense, llevando propuestas para enfrentar la situación de violencia, demostrando que se puede cambiar el miedo por el coraje y que ninguna amenaza ni la desaparición forzada de sus hijos puede reducir su dignidad humana al silencio.

No faltaron los amigos que llegaron con botellas de agua, con alimentos enlatados y que nos brindaron palabras de aliento, techo y comida. Y que marcharon con nosotros por las calles y tramos de carreteras importantes. Con todo ello, el cansancio era menos y la determinación de llegar hasta Culiacán se volvía más firme.

También algunas instituciones ayudaron mucho para que llegáramos sin ningún incidente de importancia, va nuestro reconocimiento para la Cruz Roja, Protección Civil, la Policía Federal de Caminos, Bomberos y las policías preventivas de El Fuerte, Ahome, Guasave, Salvador Alvarado, Mocorito y Culiacán. Sin ellos esta historia pudo no tener la sonrisa final con que cerró los tres días de Caravana.

Marchar por la Paz y los Derechos Humanos, implicaba publicitar la ausencia de una ley de atención a víctimas del delito y la actualización de la Ley sobre desaparición forzada de personas, el fortalecimiento de las fiscalías especializadas en esas desapariciones y el seguimiento regular de todos los casos de desaparición por el fiscal general del estado. El llamado a buscar la paz no es una convocatoria a sentarnos y que las cosas sucedan, es ante todo la movilización para encontrar los espacios para el diálogo, la reflexión y la acción organizada que termine imponiendo el respeto al Estado de derecho por la autoridad y la observancia de las leyes por los grupos de criminales.

Cinco nuevos casos de desaparición forzada conocimos durante la Caravana, dos en El Fuerte, uno en Guasave y dos en El Limón de los Ramos, Culiacán. En todos ellos hay que iniciar el proceso de atención que prestamos en los primeros días de conocerlos y acercarse a los familiares para el apoyo moral y psicológico que necesitan. Seguramente las compañeras de Voces Unidas por la Vida encontrarán el espacio y las fuerzas que se requieren para cumplir con esa tarea.

Después de llegar a Culiacán, nos reportaron un nuevo caso en Villa Unión, Mazatlán y el de una señora de Culiacán que había salido de su casa el domingo 28 y no regresó. El día miércoles desde temprano nos dimos a la tarea de búsqueda en vida junto a sus familiares. Recorrimos parte del pueblo de San Pedro, porque había indicios de haber estado allí. Horas después fue ubicada en la ciudad de Culiacán y recuperada para su familia. Nuestros buenos oficios ayudaron para ese buen final.

Al concluir la Caravana hubo una reunión con el fiscal general del estado, allí planteamos las demandas de la Caravana que corresponden a su oficina. Y ese cierre de nuestro peregrinar no podía ser mejor: un grupo de motociclistas, de familiares con desaparecidos, de amigos y sobre todo los agraviados periodistas, nos recibieron a la entrada de la ciudad y en el edificio de la Fiscalía General. Concluimos de manera emocionada que la Caravana es el granito de arena que con su convocatoria a no callar, a no cruzarse de brazos frente al fenómeno de la violencia, busca construir ciudadanía. Con los pies hispiados (como dijera un padre con hijo desaparecido) y la memoria de Javier Valdez, recorrimos esos 300 kilómetros con la esperanza de despertar y movilizar conciencias. El movimiento por los derechos humanos se fortalecerá. Vale.

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