Tareas que nos dejan los niños I La Montaña, columna de Oscar Loza

Foto: Congreso del Estado de Sinaloa.

 

¿De qué color es un grito?

Svetlana Alexiévich

Que los padres de familia y los adultos enseñen con el ejemplo. Dijeron los niños en el parlamento infantil y la única respuesta que encontramos a mano es aquella expresión de sorpresa que leíamos en los personajes de historietas: ¡gulp! Qué podemos responderles a esos infantes parlamentarios y a nuestros hijos o nietos, cuando ese reclamo se sustenta en el entorno violento que ellos padecen de un manera muy especial, pues a muchos les arrebata al padre o la madre, pero al resto de ese universo infantil le impide disfrutar libremente a sus mayores en los parques, en los cines y en cualquier espacio público.

No se quedaron los niños sólo con esa cacayaca, la oportunidad de hablar en la tribuna del Congreso del Estado la aprovecharon muy bien: hay que poner un alto a la violencia, señalaron las voces infantiles, conscientes de las consecuencias que esa acción apocalíptica tiene en vidas, en desapariciones forzadas, en desplazamiento de grupos humanos y en el patrimonio de todos.

Y ya encarrerados nos surtieron en tareas: hay que prevenir la corrupción, la violencia, la inseguridad y la drogadicción. Da ternura escucharlos y vergüenza no poder exponerles una razón que explique la inexplicable actitud de algunos cabildos, como el de Culiacán, que aprobaron las cuentas públicas del último año de la administración pasada, cuando era público y notorio el estado de quiebra en que dejó las finanzas municipales. Esperemos que esas palabras sean escuchadas por los parlamentarios adultos, que en el mes de junio revisarán de nuevo la cuestionada cuenta pública del primer semestre de 2016 del gobernador saliente (Malova) y la del último semestre de gobierno. El inmenso daño al patrimonio público que ha quedado no puede echarse en saco roto.

Respeto total sin discriminar por razones de origen, raza y religión nos exigieron. Y tienen mucha razón, ninguna sociedad puede alcanzar altos niveles de desarrollo si la igualdad entre sus ciudadanos no es la base que sustente la convivencia social. Ojalá haya oídos receptivos entre nosotros los adultos, pues en buena medida esa discriminación justifica y hace posible otro de los fenómenos que los pequeños nos emplazan a terminar: los niños en situación de calle.

Hay otros niños que también tienen demandas muy importantes y que en este 30 de abril no podemos ignorar, son las peticiones calladas y mojadas en llanto que nos hacen los hijos de quienes hoy son víctimas del delito de desaparición forzada de personas. Haciendo empatía con esos niños diríamos, para ellos alegría y justicia este día del niño.

¿Quién se atrevería a disentir de las palabras siguientes? Todos los niños merecen ser felices, han nacido para traer alegría a cada uno de nuestros hogares y para llenar de juegos, travesuras y cariño las escuelas, los parques y calles de la ciudad. Sin los niños el mundo sería un páramo sin flores, un desierto sin oasis, un río sin el rumor cantarín de sus aguas. Por eso la primavera dedicó sus mejores 30 días a los niños y culmina su homenaje cerrando el mes de abril como día del niño.

Todos los niños merecen ser felices, sin importar su género, color, formación religiosa, posición social, problemas de salud o cualquier otra condición. Y los adultos debemos coincidir en que también los niños que han quedado en casa a la espera de que regresen el papá o la mamá deben ser felices. Aunque algunos no tengan plena conciencia de que sus progenitores no regresan al hogar porque están desaparecidos, sufren profundamente su ausencia.

Afortunados los que hoy podemos abrazar y disfrutar a nuestros hijos y nietos en este hermoso y cálido día del niño, pero pensemos que hay muchos pequeños que no pueden hacer lo mismo con su padre o madre porque sufren la desaparición forzada de personas. Y que nos llame la atención sobre la triste realidad de que no hay una política efectiva de la autoridad para buscar a sus padres y para detener esta reprobable práctica de desaparecer a personas. Todos los niños merecen ser felices, pongamos nuestro granito de arena para que ello sea posible. Vale.

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