#LadyBichi, la mujer desnuda que sacudió la moral de una ciudad

Un regidor de Culiacán solicitó que se le detuviera por “exhibicionismo sexual obsceno”, y el Alcalde destinó tres policías para localizarla.

Cutzi Salgado durante la entrevista en Culiacán, Sinaloa. Foto: rabiaytinta.

Por Silber Meza

Cutzi Salgado es una chava de melena ondulada con un dejo de ingenuidad en el rostro. Es una morra que decidió enfrentar desnuda las “buenas costumbres” de su ciudad, Culiacán, y gritarle a sus tres ríos que urge detener esa violencia sistemática contra las mujeres.

Lo hizo como parte de un proyecto cultural, de un proyecto personal.

Fue también un experimento social que sacudió la moral conservadora local y abrió la caja de agresividades sexuales de hombres y de mujeres.

“Le voy a meter la verga, y la voy a matar”, le dijeron por redes sociales.

Esta artista, Cutzi, Sabía que caminar así, bichi –como se le conoce a la desnudez en el noroeste mexicano–, y con una hielera con el logotipo del Oxxo sobre su cabeza, podía ser arriesgado. También sabía que podía ser detenida por la policía, pero nunca imaginó que despertaría la tempestad sucedida, menos que un alcalde que gobernaba una de las tres ciudades más violentas de México, donde se han encontrado decenas de fábricas de drogas sin identificar a sus propietarios, dedicaría tres policías de tiempo completo a ubicarla y a detenerla.

Nadie se imaginó que hacer arte en Culiacán podía ser un acto más perseguido que producir narcóticos ilegales o ser parte de un cártel de la droga.

***

Culiacán es el hogar del Cártel de Sinaloa. Aquí los muertos que genera el crimen organizado se cuentan a diario. Hace años, la defensora de los Derechos Humanos Mercedes Murillo dijo que Sinaloa tenía más asesinatos que días, y tenía razón. La muerte se escurre en sus calles.

Y aunque esto lleva décadas, por momentos parece que en esta ciudad no hay un lugar donde se pueda estar a salvo.

El 10 de mayo de 2008 –el año en que el Cártel de Sinaloa, encabezado entonces por Ismael Zambada García y Joaquín Guzmán Loera, se escindió de los hermanos Beltrán Leyva y se inició una cacería de integrantes de ambos bandos–, los restaurantes se mantuvieron solitarios. El mejor regalo para una madre era que sus hijos se resguardaran en sus casas: que no salieran.

A Cutzi le tocó vivir esa etapa de violencia en Culiacán como periodista. Primero de fotógrafa en el periódico El Debate, después en el Noroeste.

“Me tocó ver hieleras del Oxxo que de repente las abrían y ahí estaban las cabezas; después cuerpos por un lado y hieleras por el otro. Llegó a ser tan común que si había una hielera en una zona acordonada era casi sobreentendido que adentro estaba la parte de una persona, principalmente cabezas”, menciona mientras mueve sus manos como si jugara con un par de remos imaginarios.

La mayoría de las cuerpos desmembrados que se encontraban estaban en una hielera de las tiendas Oxxo, las cadenas de autoservicio que predominan en el norte del país.

“Estuve como zombie… me tocó ver cómo correteaban a compañeros de la universidad. Llegar a una escena del crimen y darme cuenta que es un amigo el que está tirado. ¡Ir a cubrir una escena del crimen en camión!”

–¿Qué es lo raro de ir a cubrir una escena del crimen en camión?

–Que te manden sola, sin protección, ‘a la buena de Dios’ sin saber si todavía está la balacera, si es seguro.

Del 2008 al 2012 fotografió muertos, cabezas, hieleras, cuerpos, cabezas, cabezas, hieleras, muertos, cuerpos, sangre, casquillos, cabezas, muertos, sangre, piernas, sangre. Brazos, cuerpos, cabezas, zapatillas, hieleras, cabezas, piernas, cabezas, sangre, sangre, casquillos, hieleras, cabezas.

Estaba intoxicada. Tenía que dejar ese mundo rojo.

En 2013 buscó y obtuvo una beca para realizar una residencia artística en fotografía contemporánea en la escuela .357MX Escuela de Fotografía, en el Estado de México.

“Amo la fotografía, pero sabía que algo no estaba bien con lo que estaba haciendo”, menciona.

Mientras cursaba la beca pensó en un proyecto para sacar ese veneno que la ahogaba. Empezó a diseñar lo que al tiempo se convertiría en #LadyBichi.

Una vez terminada la residencia se reunió con la curadora y feminista Karen Cordero, y con la artista y feminista Mónica Mayer para pulir el concepto artístico.

–¿Qué significa ponerte una hielera y caminar desnuda?

–Primero por la auto-decapitación… era una idea de quitarle el rostro y darle nada más un cuerpo.

“Es más violento decidir sobre mi persona, sobre mi cuerpo, que el hecho de que maten a diario a ’n’ cantidad de personas, sean hombres o mujeres”, reclama en referencia a la violencia del narcotráfico y del crimen organizado en Sinaloa.

Según informes periodísticos, en Sinaloa ha crecido el homicidio de mujeres. De 2005 a 2010 se contabilizaron 356 asesinatos dolosos, mientras que de 2011 a 2016 aumentó a 460. En el país, y sólo en 2015, hubo 566 averiguaciones previas iniciadas por feminicidio. Datos hallados en la investigación “Las muertas que no se ven. El limbo de los feminicidios”, de la periodista Valeria Durán, muestran que en México más de 10 mil mujeres han sido asesinadas desde 2012, pero menos del 20 por ciento han sido juzgados como feminicidios.

***

Mirada clavada en el piso caliente de Culiacán. Pies planos. Espalda recta. Labios que sostenían una carta del Instituto de Cultura del estado hecha con el objetivo de no ser detenida por la policía municipal.

La tarde del viernes 7 de octubre del 2016, las riberas estaban llenas de paseantes que llevaban a sus hijos a los juegos infantiles, a comer raspados con frutas o a saborear un elote con mayonesa y queso. En medio de ese escenario apareció Cutzi y su “bichez”. La joven de 30 años caminó decididamente sobre uno de los puentes peatonales que unen a los dos malecones de Culiacán, el nuevo y el viejo, divididos por el río Tamazula.

“Yo me desnudé a la mitad del puente”, recuerda.

Bajó la rampas y llegó a la ribera del malecón nuevo. Anduvo entre la gente, entre las familias de la ciudad. Unos grababan videos con sus celulares, otros volteaban atónitos o reían entre sonrojos.

Tras unos minutos de deambular por la zona, se detuvo. La fase uno había culminado.

–¿Qué viste cuanto te quitaste la hielera?

–Nada. No me acuerdo. Estaba muy nerviosa. Estuve a punto de mandar todo a la chingada.

Pero no mandó todo a la chingada. Sentía la necesidad de concluir el trabajo. Era algo introspectivo. Se lo debía a ella y a las mujeres vulneradas. Muertas. Despedazadas.

“Había una necesidad de sacudir un poco a Culiacán”, asegura mientras menea suave su cabeza de arriba a abajo.

A Cutzi la acompañaban dos ayudantes mujeres y dos hombres. Ellos la grabaron y le ayudaron a vestirse, a bicharse y a orientarla en su andar.

La artista no se dio cuenta en esos momentos, pero cuando vio los videos le llamaron la atención dos personas: un hombre que la siguió y grabó con un sigilo que le pareció preocupante y morboso, y otro que la captó de manera abierta, que subió el video a redes sociales y que se viralizó unas horas después.

“Sólo se le oía decir: ¡alaverga, alaverga, alaverga, alaverga, alaverga!”, recuerda.

El día de su primera aparición el ambiente estaba enrarecido en la ciudad. Recientemente se había presentado en un bar nudista una chava de nombre Nathaly Gutiérrez, conocida como Lady Oxxo, y la gente llegó a pensar que el performance de Cutzi era parte de esa presentación.

La caminata nudista la repitió un par de veces más, primero con una cobija enredada en su cabeza y después con una bolsa de plástico. Estos elementos buscaban recordar a las mujeres y hombres hallados muertos, muchas veces torturados, en diversas partes de la ciudad.

“Fueron tres caminatas, y sólo una trascendió”, lamenta mientras enchueca sus labios.

Al terminar el acto regresó a su casa. La policía nunca se presentó. Cutzi creyó que todo había terminado, pero en realidad apenas iba a iniciar esa reacción colérica ante la afrenta a la moral norteña.

***

Cutzi usa poco el teléfono inteligente, regularmente porta uno sencillo que sólo sirve para recibir llamadas y mandar mensajes de texto. Por eso el día de su aparición no se enteró de la ola de comentarios que se registraban mientras dormía. El sábado por la mañana, mientras trabajaba en la sala de arte donde presentaría la segunda y última parte del performance, recibió el primer aviso.

“Me enteré por un meme que me mandó una prima de Tijuana”, suelta con desenfado.

Desde ese momento se despertó su interés. ¿Qué estaba pasando en las redes?, ¿qué decían de su arte?, ¿qué decían de su cuerpo?

Ahora, después de seis meses de aquel día, Cutzi identifica cuatro etapas distintas en las reacciones de la gente.

  1. Locura. Los primeros mensajes en redes eran para preguntar si tenía una enfermedad mental o se hallaba drogada.
  2. Cuerpo. Hombres y mujeres enjuiciaban su físico. Que si le faltaban senos, que si necesitaba nalgas, que si debía depilarse el vello púbico, que si le pagaban una depilación. Otros soltaban un “yo sí me la cojo”.
  3. Muerte. Cutzi recuerda mensajes en redes donde se leía: “Si a la morra le gusta traer la hielera en la cabeza, se la vamos a poner”, y “el día que me la encuentre le voy a meter la verga y la voy a matar”.
  4. Arte. Después de esta tormenta de señalamientos vino la calma. La gente en redes empezó a preguntarse si caminar desnuda con una hielera del Oxxo en la cabeza era o no era arte. En memes, a la Mona Lisa le colocaron una hielera en la cabeza, y hasta compararon a Cutzi con la Venus de Milo. Eso fue algo bueno para ella: por fin se discutía masivamente sobre arte en Culiacán.

“Somos objetos, no somos personas para la mayoría de los hombres aquí. Somos algo desechable, somos algo que a veces tiene menos valor que el carro que están usando”, critica.

FullSizeRender-3 IMG_4005

El escándalo llegó a oídos de los políticos. El regidor panista Jorge González Flores pidió al gobierno que se castigara a la joven que caminó desnuda porque a su juicio incurrió en “exhibicionismo sexual obsceno”.

Cuando los reporteros entrevistaron sobre el tópico al entonces alcalde de Culiacán, el priista Sergio Torres Félix, le dio la razón al edil y asignó tres policías para ubicarla y detenerla.

“Tres policías. Me sentí importante”, bromea Cutzi durante la entrevista.

–¿Te asustaste?

–El miedo todavía está en ciertas cosas  porque sé la realidad en la que vivo. Pero en ese momento me sentía tan protegida, ahora sí que mi barrio me respaldaba, jaja.

Los ojos de la autoridad de Culiacán, de la sociedad de Sinaloa y de buena parte de México estaban sobre ella.

***

Aquella fue una semana difícil, pero también una semana de apoyo de artistas, intelectuales y una parte de la sociedad. Algo pasó que el alcalde entendió que no tenía sentido perseguir a una mujer que caminó desnuda, y desistió a la persecución.

“El apoyo estuvo bien chilo. No hubiera aguantado tanta carrilla yo sola”, dice.

Pero faltaba el último tirón: un desnudo en la galería de arte Antonio López Sáenz. Ahí se conocería la identidad de la joven que desafió las buenas costumbres de su ciudad.

La presentación fue el resultado de un taller de Mónica Mayer, llamado “Ni de Venus ni de Marte, feminismo, arte y diferencia”. Aunque participaron 16 artistas y activistas, el acto de Cutzi fue el más visible por la euforia provocada en redes sociales y la persecución oficial.

Al principio analizaron cuáles podían ser las reacciones: ¿Presencia de policías? ¿Una agresión? Todo podía pasar. Finalmente Cutzi apareció bichi con su cuerpo cubierto de barro del parque Las Riberas, el lugar donde caminó desnuda, primero con la cabeza cubierta con una hielera, después con una cobija, y más tarde con una bolsa.

“Me sentía más vulnerable en ese momento. Las piernas me temblaban. Ya me quería ir”.

En la presentación, parte del público tomó un pañuelo y limpió el barro de su rostro, barro que representaba las laceraciones sociales y gubernamentales que había recibido durante toda la semana.

–¿Crees que puede cambiar algo con esto?

–No. Sólo son pequeños actos de resistencia. Nada más.

Al finalizar la presentación, la madre de Cutzi la arropó con la misma cobija que utilizó durante la segunda caminata. El performance había terminado.

Crédito: Instituto de Cultura de Sinaloa.
Crédito: Instituto de Cultura de Sinaloa.
Crédito: Instituto de Cultura de Sinaloa.
Crédito: Instituto de Cultura de Sinaloa.