El montaje Ayotzinapa: la peor investigación de la historia

Por Silber Meza

Ya pasaron dos años y aún no sabemos qué sucedió con los 43 jóvenes desaparecidos de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero.

Según estudios de ADN realizados a restos humanos en la universidad de Innsbruck, Austria, dos de las muestras coincidieron con los estudiantes Alexander Mora y Jhosivani Guerrero, pero sus padres no lo reconocen como cierto.

En una país donde prevalece el Estado de Derecho, donde la corrupción y la impunidad son la excepción y no la regla, puede ser incomprensible esta postura paterna, pero en México es totalmente razonable, y hasta obligado. Por supuesto que lo es.

Recordemos. La fiscalía mexicana -la Procuraduría General de la República-, prometió la investigación más extensa y profesional jamás realizada en el país. No dudo que sea la más grande e incluso la más cara. En la primera mitad de la investigación se acumularon 85 tomos con más de 50 mil fojas, y hasta hace unos meses habían sumado el doble de volúmenes. Sería muy creíble pensar que la investigación -que sigue abierta-, tenga más de 100 mil fojas. Pero que sea la más extensa no significa que sea la más profesional, bueno, quitémosle el “más”, ni siquiera significa que sea profesional.

Los reporteros que hemos leído al menos una parte de la investigación, como Zorayda Gallegos y un servidor entre otros compañeros, sabemos que ésta se encuentra desaseada y manipulada hasta la desvergüenza: torturaron “testigos”, manipularon el lugar de los “hechos”, sembraron casquillos para que cuadrara con la versión oficial, llovió en un lugar donde dijeron que ocurrió un enorme incendio, le echaron la culpa al alcalde del PRD y a su esposa cuando también hubo una clara participación, por acción u omisión, de las policías estatal, federal, y por supuesto: ¡del Ejército! Así en negritas y subrayado.

¿Qué hay detrás de todo este montaje oficial? ¿A quién protege la PGR? ¿A quién protege el Presidente Enrique Peña Nieto?

La mayoría de los jóvenes que asisten a la Normal de Ayotzinapa lo hacen con una carencia tremenda de recursos económicos. Sus familias están integradas por obreros, campesinos y migrantes. Son un sector desprotegido. Marginado.

No viven ni en Santa Fe, ni en Polanco, ni en la Roma ni en la Condesa; no tienen casas en Malinalco, no las tienen ni en las Lomas ni en Huixquilucan. Seguro por eso el gobierno de Peña Nieto los ignora, seguro por eso no ha querido iniciar una investigación medianamente responsable.

Pero ya sabemos que ni él ni la señora Procuradora Arely Gómez la harán. Al menos no sin la presión social necesaria. Por eso es bueno que veamos a nuestro círculo cercano, a nuestros hermanos, hijos, primos, vecinos y padres y nos preguntemos: ¿qué voy a hacer yo para ayudar a estos jóvenes? ¿Qué voy a hacer yo para ayudar a las familias de los normalistas? ¿Qué voy a hacer yo para que no se repita otro Ayotzinapa en Guerrero, o en Oaxaca, o en Chiapas, o en Michoacán, o en Sinaloa, o en mi propia familia?