‘El Mercadito’ donde lava dinero el Cártel de Sinaloa

Es una de las vendedólares de El Mercadito Rafael Buelna de Culiacán, Sinaloa.

Por: Silber Meza*

Mariana levanta su calculadora con la mano izquierda y la ondea para ser vista por los automovilistas que transitan por la calle Benito Juárez, en Culiacán, epicentro del Cártel de Sinaloa liderado por Joaquín El Chapo Guzmán Loera e Ismael El Mayo Zambada García.

“Dólares, dólares”, repite sin descanso.

Carlos detiene el auto, baja la ventanilla y me dice que ponga atención a los detalles. Lo observo desde el asiento del copiloto.

—¿Qué pasó, mijo? —suelta Mariana mientras incita a la acción.

—¿A cómo lo tienes? —pregunta Carlos.

—¿A la venta o para cambiar?

—Traigo 9 mil pesos —responde.

—A 16.15, muchacho —toma su calculadora y desliza sus dedos sobre los botones—. Le daría 557 dólares.

Ella trabaja en un negocio ubicado en el corredor de compra- venta de dólares del centro de Culiacán, conocido como El Mercadito Rafael Buelna, donde lo común son las operaciones ilegales, según informa la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). La vendedora es una veinteañera que este día, 22 de diciembre de 2015, viste un pantalón untado a sus caderas, blusa ajustada, tenis, gorra y gafas oscuras que ponen un velo a su identidad.

Se dedica a ofrecer dólares en plena vía pública a cualquier persona que pase por El Mercadito, un lugar que desde hace décadas ha sido centro de comercio de pobladores que bajan de diversas zonas serranas de Sinaloa.

Son días de volatilidad en la moneda. El Banco de México hace malabares para que el peso no se derrumbe frente al dólar estadounidense.

Cuando Mariana ejerce la transacción no hace preguntas: se sujeta a cambiar peso-dólar. En esta ocasión vende el billete verde en 16.15 pesos. Si Carlos fuera a la ventanilla bancaria de mejor precio (que este día vende el dólar en 17.01), habría obtenido 28 dólares menos por sus 9 mil pesos.

La transacción se desarrolla sin tropiezos. La vendedora ni siquiera le solicita a Carlos una identificación oficial, a pesar de que según la legislación vigente es una obligación para transacciones mayores a 500 dólares, una medida básica para disminuir los riesgos de que los centros cambiarios sean utilizados para lavar dinero de los cárteles y del terrorismo internacional.

Después de tomar los pesos mexicanos, Mariana camina hacia la ventanilla polarizada del local, transcurre un minuto y medio y regresa con los billetes verdes.

Entonces inicia una pequeña entrevista entre el cliente y la proveedora.

—Oiga señorita, ¿los billetes de 50 o 100 dólares tienen más valor? —cuestiona Carlos.

—Hay veces que sí vendemos más caro el de a 100 porque no hay y tenemos que cambiarlos, y para cambiarlos nos cobran y es lo que les cobramos —justifica mientras se acomoda con las manos su larga e intensa cabellera negra.

—En una ocasión me dieron puros de un dólar —expone el comprador con ganas de obtener una explicación más detallada.

—Ah, esos son más baratos, los de un dólar, los de a 10 y los de a cinco.

—¿Cuánto menos?

—No le sabría decir porque todos los vendedores lo pagamos diferente.

—¿No hay problema con que sean falsos? —No, todos están bien checados.

Termina la operación. Carlos acelera, y mientras lo hace explica que entre más alta sea la denominación del billete el dinero es más fácil de trasladar porque hace menos bulto, por eso es que hay ocasiones en que se cotizan más caros los billetes de a 100 y de a 50 dólares. Él, como la mayoría de los clientes que visitan esta zona, prefiere acudir a los centros cambiarios que se hallan alrededor de El Mercadito, porque recurrentemente encuentra mejores precios que en la banca comercial y no se registran las transacciones ni hay cámaras de videovigilancia.

Las reglas oficiales no son un problema en este lugar, buena parte de los centros cambiarios tramitan sus permisos legales para no ser clausurados cuando los revisen las autoridades federales, e incluso cumplen la ley con los clientes que lo permiten, pero también violan las normas cuando así les conviene. En esta dualidad hacen transacciones legales e ilegales a placer.

Durante la charla, Carlos recorre la Juárez y sus calles cercanas: la Juan Sepúlveda, la Mariano Escobedo y la Vicente Guerrero. Hay centros cambiarios con nombres visibles; sin embargo, también los hay sin identificación y con ventanillas polarizadas como espejo que no permiten conocer quién está del otro lado. Muchos de ellos tampoco tienen su permiso de operación ni su dictamen técnico a la vista, a pesar de que es una obligación legal.

Sobre las calles, a ras de piso, permanecen mujeres y hombres pendientes del cambio de divisa. Aguardan bajo una sombrilla que amaina el calor y portan prendas de mangas largas para no tostarse los brazos. Otros esperan a sus clientes sentados en sillas de plástico. Junto a ellos hay jóvenes montados en motocicletas con pequeñas bolsas ajustadas al pecho, justo al nivel de sus costillas que ayudan al traslado de valores mientras se comunican por sus radios. La policía municipal no deja de vigilar la zona. Saludan a los “vendedólares”. Sonríen.

Dólares comprados y después vendidos en El Mercadito Rafael Buena de Culiacán, Sinaloa.
Dólares comprados y después vendidos en El Mercadito Rafael Buena de Culiacán, Sinaloa.

Se tiene que combatir ya: CNBV 

El modelo de operación de las “vendedólares” y los centros cambiarios que existen sobre la calle Juárez, alrededor de El Mercadito, no es otra cosa que actividad ilícita, afirma Iván Aleksei Alemán Loza, vicepresidente de Supervisión de Procesos Preventivos de la CNBV.

“El Mercadito no es centro cambiario, es auténticamente actividad ilícita, en donde, obviamente, los supervisores no entramos. Y no entramos por un tema de competencia, porque supervisamos en los temas de prevención de lavado de dinero. Y una cosa es la prevención y otra es el combate”, menciona en entrevista realizada en su oficina del Distrito Federal.

El funcionario advierte que El Mercadito no puede ser comparable con el resto de las zonas de centros cambiarios del país, porque éste no sigue las reglas establecidas. “Tiene que haber el concurso y cooperación de distintas instancias gubernamentales, desde luego de carácter ministerial, la policía incluso. Y desde luego los supervisores tenemos mucho que aportar. ¿Qué podemos aportar nosotros? Certeza de cuáles sí son centros cambiarios, de quién sí es el oficial de cumplimiento, de quién sí es el socio de ese centro cambiario”, dice.

De acuerdo con registros públicos consultados en el portal de la CNBV, en Sinaloa existían hasta 2013 un total de 75 centros cambiarios, pero debido al endurecimiento en la legislación, 44 fueron cancelados en 2014. Actualmente, de manera legal operan 31. Una de las diferencias es que ahora se les pide un dictamen técnico donde se les obliga a informar a detalle sobre su constitución y operación. El objetivo es robustecer la prevención en materia de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo.

De los 44 centros cancelados, 32 fueron porque los propietarios no solicitaron la renovación del permiso, cinco por violar la legislación en materia de prevención de lavado regulada por el artículo 81-D, fracción VI, de la Ley General de Organizaciones y Actividades Auxiliares del Crédito (LGOAAC), cinco por decisión de la Dirección General Contenciosa, y dos por decisión de la vicepresidencia jurídica de la CNBV.

Los que fueron cancelados por violar de forma “grave” la LGOAAC en materia de prevención de lavado de dinero después de los cambios legales publicados el 10 de enero de 2014, son: Centro Cambiario Juany, por omitir presentar ante la SHCP, por conducto de la CNBV, la información relativa a los reportes de montos totales de divisas extranjeras, del segundo, tercero y cuarto trimestre de 2014.

Centro Cambiario Nombie, por omitir presentar la información relativa a los reportes de montos totales de divisas extranjeras del segundo trimestre de 2014, así como Centro Cambiario Galaxis, por no presentar la información relativa a los montos totales del segundo, tercero y cuarto trimestre de 2014. Por violar el mismo artículo también fueron cancelados Centro Cambiario El Ejecutivo y Constansa.

Los centros cambiarios que prefirieron no renovar son Centro Cambiario Imperial, Centro Cambiario El Licenciado y Centro Cambiario Sepúlveda Carba, entre otros.

Además de los datos de cancelación, casi la mitad de los centros cambiarios que han operado en Sinaloa en los últimos cuatro años han sido multados por la CNBV, con montos de entre 12 mil y 13 mil pesos. Las multas, que en su mayoría son por irregularidades cometidas entre 2012 y 2013, y que concluyeron en sanciones en 2015, son por infringir la LGOAAC, muchas de éstas relacionadas con prevención de lavado.

En total son 36 centros sancionados que suman 81 infracciones con causales diversas, como no remitir a la SHCP el reporte de operaciones relevantes, no informar los datos relativos a los montos totales de divisas extranjeras que hayan recibido y entregado como parte de las operaciones realizadas, o no presentar los resultados de la revisión realizada por parte del área de auditoría, principalmente.

Los centros cambiarios que operan en la calle Juárez, conocidos erróneamente como casas de cambio, son una referencia popular en materia de lavado de dinero.

En mayo de 2008, en el momento más crítico y violento de la escisión del Cártel de Sinaloa, cuando El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada se separaron de los hermanos Beltrán Leyva, el Ejército sitió la Juárez y calles colindantes. Fue un acto sorpresivo donde militares aseguraron 23 centros cambiarios. La intención, dijeron entonces, era suspender las operaciones para que la autoridad hacendaria revisara su legalidad. La medida se tomó luego de que empresarios solicitaron a la Secretaría de Gobernación que actuara contra el lavado. A pesar de la medida, los centros fueron reabiertos.

Fuera de la ley 

Es 23 de diciembre de 2015. Carlos recorre la calle Juárez. Busca sin éxito a Mariana, quien ayer le vendió los dólares. Se detiene frente a otra jovencita con calculadora. Carlos cambia los mismos 557 dólares que compró el día anterior. Lo hace para que yo vea la operación que él realiza con frecuencia.

—Hola muchacho, ¿vendes o compras? —pregunta Lupita, una morra de caderas anchas y sonrisa dulce que acaba de cambiarle dólares a una señora que maneja una BMW X4.

—¿A cuánto el dólar? —pregunta Carlos.

—En 15.90 pesos —responde.

Según los mercados bancarios, el dólar a la compra se cotiza en un mínimo de 16.30 pesos. Lupita lo compra más barato.

—Te cambio 557, ¿sale?

—Sí, está bien. ¿Traes credencial? Es que nosotros sí tenemos permiso —suelta la jovencita.

—No traigo, la olvidé —pretexta Carlos.

—Ah, está bien. No importa —responde.

Bastó una pequeña mentira para eliminar el trámite que busca prevenir el lavado. Lupita se acerca al centro cambiario, entra por una puerta de acero y se pierde durante cuatro minutos. Después sale con los pesos mexicanos y un tíquet en el que se lee la siguiente operación: “557·x 15·9 = 8,856·+”, es decir, Carlos obtuvo 8 mil 856 pesos por sus 557 dólares. El papelito no dice ni el nombre de Lupita ni el del centro cambiario. Tampoco la fecha, la ubicación o el propietario. Comparado con lo que le daría el banco, Carlos le perdió .40 centavos de peso a cada billete verde, pero ganó no ser identificado y registrado ante la CNBV y la SHCP; Lupita, en cambio, compró dólares baratos que puede revender a mejor precio: 16.15, tomando en cuenta el precio de venta del día anterior, y lograr una ganancia de .25 centavos a cada dólar.

Para Lupita la operación fue un éxito más del día; día al que aún le restan varias horas por laborar, por eso vuelve a esa rutina cambiaria.

–Dólares, dólares –repite sin descanso.

*El reportaje fue publicado en rabiaytinta con permiso del autor.